25 mar 2017

UN DESBORDE MÁS, SÍ IMPORTA


El reciente 15 de marzo cerca de un centenar de personas fuimos testigos del accionar –en vivo y en directo- del pensamiento Gonzalo y confirmamos sus defectos fundamentales que colocan en entredicho su autoproclamado carácter proletario: incapacidad para debatir y falta de espíritu autocrítico.

El suceso fue la inusual presentación de la revista EOLLE, conformada por 7 ensayos sobre el conflicto armado interno y la cuestión de género, y el escenario, el sobrio espacio proporcionado por el Gremio de Escritores del Perú.

Desde la convocatoria el espíritu de los organizadores era propiciar el debate. Tratándose de asuntos que nos remiten a la confrontación armada de los 80, cuyos rescoldos todavía perviven, era previsible que se manifestasen diversas opiniones. Si bien los ponentes se habían esforzado en que sus trabajos ofrecieran una mirada distinta de la establecida desde el Estado, no esperaban conformidades, sino opiniones críticas, disentimiento fundamentado.

Pero los seguidores de Abimael Guzmán se habían preparado para otros fines. No habían asistido a debatir sino a sabotear el evento. Sus coordinaciones, enlaces, movimientos entre el público, eran demasiado evidentes. Previamente tenían que denostar a los ponentes de modo que su voz quedara debilitada y sus ensayos perdieran peso. La única versión de los vencidos debe ser la de ellos, cualquier otra que discrepe, aun proviniendo de sectores del pueblo, estorba.

Ni las intelectuales Anouk Guiné y Rocío Maldonado, que batallaron por reflexionar acerca del papel de la mujer a contra corriente de los estereotipos maniqueos, se salvaron de la diatriba. El historiador Antonio Zapata, se retiró ofuscado porque no le permitían hablar. Los seguidores de Guzmán tuvieron micrófono libre, la oportunidad de ponerse a la altura y, una vez más, la arruinaron.

Y no erraron por falta de experiencia o ardor en la disputa. Erraron por problema de conducción, por problema de línea. Es así como habían sido orientados.

La contradicción rige en todo y debemos esforzarnos por registrar la realidad tal cual, adaptar el pensamiento a la realidad cambiante. ¿Se condice con la verdad afirmar que la guerra popular marchaba justa y correcta hasta la detención de Guzmán? ¿Corresponde a una dirección omitir el balance autocrítico de sus hechos? Estos eran algunos de mis planteamientos de fondo y para no responderlos había que adjetivar, imputar, gritar, callar la boca al oponente.

En otros tiempos resolvían expeditivamente con el artero balazo.

En los 80, me conmovieron el multitudinario sepelio de Edith Lagos y la heroica resistencia de los prisioneros de El Frontón, entre los cuales se encontraba José Valdivia Domínguez (Jovaldo).  A Hildebrando Pérez Huarancca lo leí a fines de los 90, cuando decidí incursionar en la narrativa. Los tres tomaron la pluma para expresar ante el mundo su pensar y sentimiento y cayeron abatidos en los primeros años del conflicto interno. Solo Edith reposa en una tumba conocida, un breve espacio de peregrinación y respeto. Reflexiones fueron surgiendo a modo de preguntas desde inicios de siglo y, estando en Venezuela, por fin pude esbozar respuestas, proponer hipótesis en un ensayo titulado Hildebrando Pérez Huarancca, Edith Lagos y Jovaldo  Textos de combate.

La figura de Hildebrando se había asociado a la masacre de Lucanamarca a partir de un endeble testimonio recogido por la CVR, sin desmentido oficial del PCP-SL. Edith parecía pervivir en la memoria de jóvenes inflamados o paisanos ayacuchanos. Solo Jovaldo había merecido la reedición de su obra, aunque su madre expresaba una posición sumamente crítica respecto a Guzmán y su conducción de la guerra.

¿Lucanamarca fue realmente una acción de repercusión positiva para los alzados en armas? ¿Hildebrando discrepaba con la caracterización partidaria de la sociedad peruana como semifeudal y semicolonial? ¿Por qué no se volvió a repetir una manifestación abrumadora como la del sepelio de Edith Lagos en 1982? ¿Pudo haberse evitado el sacrificio de Jovaldo y sus cientos de camaradas? ¿Se debe valorar al hombre sencillo, que con sus peros y todavías, se atrevió a levantarse? Cuestiones que martillaban cuando analizaba los escritos de cada uno. Concluí que no podía entenderlos en un plano puramente literario, sino en su integridad con el contexto político y social de la época. A la vez serviría para entenderme más, explorando retrospectivamente otras aristas en las decisiones que marcaron mi existencia.

La revista EOLLE acogió estas reflexiones, una revista extranjera preocupada por el mundo. Y las expuse en el evento, con acento apasionado, sí. Los gonzalistas se indignaron, era inaceptable atreverse a pensar. El odio de clase, que no profesan cuando apoyan el indulto a Fujimori, se desbocó. Lo que vino después está siendo ampliamente detallado por crónicas de diversos testigos.

Algunos de ellos se pronuncian, criticándoles. Los seguidores de Guzmán, como consuelo, se han defendido con el sofisma: Se trató de un desborde, el desborde es una ley, el mismo que usó su líder para justificar la masacre de Lucanamarca[1]. Pero la situación era totalmente distinta y había que captar el sentir de las masas. El auditorio estuvo repleto desde las siete en punto, eso demostraba el interés que concita el tema. Muchos habían asistido para conocer más acerca de un asunto poco o mal tratado, sobre el que existe un velo de censura y la confrontación de ideas era lo que se esperaba, no el acallamiento. Pero ciegos y sordos actuaron en contra. Es cierto que hubo exceso y fue el ejecutado por los seguidores del llamado pensamiento Gonzalo, totalmente alejados del estado de ánimo de las masas. Un desborde más –léase fracaso-, propiciado por tal pensamiento, qué importa. Bastará con afirmar fue una acción contundente, hemos logrado altísima cohesión, despanzurrado intelectualillos que sirven a la reacción y al imperialismo, agentes de la CIA, renegados, bla, bla, bla. ¡Y pobre de aquel que diverja!

Algunos ensayan otra defensa afirmando que procedieron así porque no se les incluyó entre los ponentes. ¡Qué descaro! Sumadas sus intervenciones abarcaron más tiempo que cualquiera de ellos. ¿Qué trabajo crítico han escrito para merecerlo? Es como si invitaras a alguien a tu casa y encima te quiere sacar a patadas. Ni repararon que entre los siete ensayos estaba incluido el de Pilar Meneses, una ex prisionera, Las mujeres peruanas sobrevivientes a penas de cárcel de más de 15 años por delito político. Entonces hicieron lo que hicieron, registrado está. Otros pudieron ver lo que no habían visto.

De mi parte conozco esa línea de acción desde hace casi 30 años. En 1998, estando en prisión, junto a otros detenidos propusimos luchar con nuestros familiares por mejores condiciones y libertad, generando una opinión pública favorable y esa línea se opuso tras que pondríamos en riesgo las conversaciones por un Acuerdo de Paz con el gobierno de Fujimori. No nos detuvimos. Luego quisimos educar y dar cultura al elemento humano y se resistieron pretendiendo destruir, entre tantos objetivos, una exposición de pintura al mismo estilo de la noche del miércoles 15. Tampoco se lo permitimos. Fundamos un pabellón donde se podía culturizar, luchar y laborar con más libertad y entendimiento, donde la Agrupación Cultural Ave Fénix desató su iniciativa organizando  encuentros de escritores y escritoras, conciertos, exposiciones de arte, pintura, afiches y tantas obras inimaginables entre rejas.

Soy un disidente de la estupidez política, del dogmatismo, del autoritarismo. Es la verdad pura. Soy –o me esfuerzo en ser- practicante de la dialéctica y de las enseñanzas de Mariátegui.

El historiador Antonio Zapata se preguntaba en su ensayo  Elena Yparraguirre: La mirada de la número tres  cuánto pudo haber influenciado en el PCP-SL el hecho que una de sus más altas dirigentes, la camarada Miriam, haya provenido de un hogar encabezado por un activo militante aprista y haya tenido una formación religiosa, casi monástica.

Los seguidores de Guzmán se encargaron de responder, sin proponérselo y ante la luz pública, estas interrogantes de carácter fundamental para una agrupación que todavía se reclama, parte del campo popular y, en no pocas ocasiones donde puede y se le permite, auténtica y única representante del pueblo.

Sus métodos de lucha son la antípoda de los usos del Amauta, concurren nítidos con los del tristemente célebre aprista búfalo Pacheco y su pensamiento exuda metafísica por los poros: invierten el proceso del conocimiento y pretenden que la realidad se ajuste al pensamiento. Algunos hablaron de lo que no conocían ni habían leído. Mi ensayo se fundamenta en alrededor de 40 fuentes, entre libros, documentes del PCP-SL y entrevistas. Sin embargo exigían fuentes. Cuando se les fue respondiendo no aguantaron y patearon el tablero.

Armado el despelote pretendieron ser condescendientes con Zapata quien ya se había retirado. O tampoco lo leyeron o decidieron ser más permeables para colgarse de alguien.

En fin, todos aprendimos algo, incluso aquellos que todavía siguen la torcida línea del pensamiento Gonzalo, y más todavía, aquellos de mente crítica y corazón valiente, que se acercaron para compartir ideas y proyectos.

Oscar Gilbonio







[1] Lo que necesitábamos era que las aguas se desbordaran, que el huayco entrara, seguros de que cuando entra arrasa pero luego vuelve a su cauce. La entrevista del Presidente Gonzalo.  http://www.solrojo.org/pcp_doc/pcp_0688.htm