17 jun 2011

COMPAÑEROS DE EL FRONTÓN, LURIGANCHO Y CALLAO: ¡PRESENTES!

Hace 25 años el gobierno aprista encabezado por García Pérez perpetró uno de los mas execrables genocidios en el mundo y el mayor contra prisioneros detenidos en el proceso de guerra popular iniciada en 1980 en el Perú.
El genocidio se preparó como parte de un plan general del Estado para contener el avance de la insurgencia, cuya maquinación se fue evidenciando con restricciones de agua, luz, alimentos y visita; traslado y concentración de los detenidos de provincias en cárceles de Lima y Callao, ensayos militares preparatorios, hostigamiento y detención de familiares entre otras medidas.
Los prisioneros respondieron en un primer momento mediante la elevación de un pliego de reclamos y meses después, ante los oídos sordos de las principales autoridades del estado peruano, con la rebelión del 18 y 19 de Junio de 1986, tomando algunos rehenes y exigiendo dialogo con las autoridades en momentos de reunión de delegados de todo el mundo en torno a la llamada “Internacional Socialista” que García pretendía encabezar.
El gobierno, lejos de atender las justas demandas o reducir a los prisioneros, optó por aplicar la misma política de tierra arrasada y exterminio que venía consumando (como en los poblados serranos de Accomarca, Umaru, Bellavista y Llocllapampa). Es así que la marina bombardeó y se ensañó con los prisioneros del Pabellón Azul de El Frontón, el ejército fusiló a cada uno de los detenidos en Lurigancho y la aviación intervino en el penal de mujeres del Callao, con un saldo general de 250 prisioneros de guerra ultimados.

Los familiares y amigos desde entonces no hemos cesado de exigir una justicia que nunca llegó y de honrar el desinterés y valor de nuestros héroes. El estado, por su parte nunca asumió responsabilidad política ni penal sobre este u otros hechos similares, descargando, a lo más, su responsabilidad en personal subalterno.
Se llegó a este genocidio porque hubo un conjunto de peruanos que se levantaron en armas convencidos que era el camino para transformar la sociedad peruana, que clamaba –y aún hoy clama- por cambios estructurales; y porque el estado responsable del hambre, miseria, desocupación y abandono, causantes del alzamiento, respondió con una represión extrema para defenderse y preservarse.
Sin embargo hoy la guerra interna ha terminado pero aún existen un serie de problemas derivados tales como los perseguidos sociales, los miles de desaparecidos cuyos familiares demandan su ubicación para darles cristiana sepultura,los prisioneros o requisitoriados de ambas partes (Partido Comunista del Perú y Fuerzas Armadas o Policiales del estado), además de los desplazados, viudas, huérfanos.
Estos problemas no permiten al pueblo y la nación peruana desarrollarse como corresponde porque se expresan de diversas formas aunque se les pretenda soslayar u olvidar. Toda guerra conlleva encono y resentimiento y la mejor forma de culminarla, por experiencia histórica e internacional, es la Amnistía General en función de una reconciliación nacional.
Si uno parte de los intereses de la nación y la sociedad en su conjunto es capaz de comprender esta realidad y posponer los intereses o saldos individuales en el alma. Quienes se benefician promoviendo el encono y resentimiento, así como el espíritu de venganza anteponen el egoísmo, los intereses individuales y mezquinos para continuar viviendo de este tráfico. Ahí están los fujimoristas y la derecha más recalcitrante. Ellos sobredimensionan el problema de los alzados en armas o montan campañas para infundir temor en la población con el fin de seguir manteniendo el sistema represivo y de leyes que correspondió a una realidad ya pasada y que hoy se usa, obviamente, contra las luchas populares, como la actual de los indígenas aymaras contra la contaminación minera, claro ejemplo de una legislación que criminaliza la protesta popular.
Para estos sectores retrógrados no cabe la reconciliación nacional sino la componenda de grupos en función de beneficios particulares, no cabe la amnistía general sino la amnistía de una parte, no cabe la modificación de leyes y de la Constitución sino la prosecución del mismo sistema que continúa enriqueciendo a un puñado a costa de la explotación de las mayorías.
Quienes conforman las llamadas ONGS de derechos humanos o afines tampoco conciben una reconciliación nacional con la libertad de ambas partes. Ellos son de la política del juicio y sanción porque de haber una amnistía general, con el término oficial de la confrontación interna, dejarían de percibir el apoyo económico internacional del que principalmente subsisten.
Veinticinco años después, exigimos la entrega de los cuerpos depositados en la Fiscalía de la Nación desde el 2006, para darles respetuosa sepultura. Asimismo como trabajadores del arte recordamos al poeta José Valdivia Dominguez –JOVALDO- y al artista plástico Félix Rebolledo, como ejemplos de volcar el arte al servicio de una causa revolucionaria.
¡SOLUCIÓN POLÍTICA AMNISTÍA GENERAL Y RECONCILIACIÓN NACIONAL!
¡HONOR Y GLORIA A LOS HÉROES DEL PUEBLO! ¡VIVA EL DÍA DE LA HEROICIDAD!
Agrupacion Cultural Ave Fénix - 17 Junio 2011