28 mar 2009

Pronunciamiento


Jamás ha sido sencillo para el pueblo ganarse el pan, y menos hacer arte. Pero esa dificultad nunca será un impedimento porque, al fin y al cabo, nosotros, como parte del pueblo, estamos convencidos que todo es lucha, y, al margen de ella, poco o nada obtendremos.

Así que los integrantes de la Agrupación Cultural Ave Fénix, convencidos de la absoluta validez de este aserto continuamos firmes en nuestra convicción de hacer literatura (narrativa, poesía, testimonio, crónica), pero advertimos, no cualquier literatura, sino aquella hondamente arraigada en las pulsaciones del sentir del pueblo; más todavía en nuestra responsabilidad de ex Presos políticos en su mayoría, aunque todavía un miembro de la agrupación se encuentre privado de libertad, tan igual como muchos otros compañeros nuestros que permanecen en prisión por haberse levantado en armas bajo principios inmarcesibles.

Por lo dicho hasta aquí comprenderán que nuestra prosa se esfuerza en marchar por el cauce de una literatura proletaria, cauce ya promovido y transitado por José Carlos Mariátegui, Cesar Vallejo y otros en un primer momento. Proseguido a mediados del siglo XX por un puñado de obreros que funda el Grupo Intelectual Primero de Mayo, y que pasaron a enriquecer con sus vivencias de obreros y campesinos la literatura proletaria. Como confesión de verdad está la obra escrita por cada uno de sus integrantes.

Otro momento importante del quehacer literario del pueblo se verá plasmado a fines de los 70 con el Grupo Narración: En el primer número de su revista hacen conocer los principios que guiarán su propuesta literaria, propuesta democrático-progresista, y con un profundo sentir por los de abajo, posición que refrendarán en sus trabajos, en sus pronunciamientos, en sus debates, en su existencia vital e incluso en el sacrificio de dos de sus miembros.

Como la materia está en constante movimiento como dijera el filosofo griego Heráclito de Efeso -nunca nos bañamos dos veces en la misma agua- el tiempo siguió transitando y llegó la década de los 80, momento importante y de trascendencia para nuestro país, aun no valorado en su real importancia, quizás por todo el lodo vertido encima, sumado al subjetivismo, prejuicio o superficialidad. Sin embargo jamás podrá ser ocultada o negada la forma en que el pueblo se movilizó, principalmente el campesinado pobre, bajo la dirección de un partido. Así en la década del 80, la sociedad peruana clamaba cambios estructurales, fue el momento de dejar los dichos y pasar a los hechos, y cada quien demostró de qué madera estaba hecho. Fueron dos décadas la del 80 y parte de los 90, en que el pueblo escribió su historia, y la escribió beligerantemente. Y si bien vivió un fracaso, queda la experiencia aleccionadora y el referente fundamental para nuevos intentos futuros de lucha por una sociedad superior.

Y es en algún vericueto precisamente de tal periodo en que los miembros de la Agrupación Cultural Ave Fénix nos fuimos incorporando a ese torrente que participó en la guerra popular. Fue en prisión donde nuestras vidas se tocaron, en el penal de máxima seguridad Miguel Castro Castro. De lo expresado por cada uno de los miembros sabemos que no todos tenían clara la vocación literaria antes de llegar al penal, sino que fue aquí donde la fueron descubriendo, desarrollando y la asumieron como arma de combate ante la situación de oprobio a la que fuimos sometidos. Pero también están los otros, aquellos que llegaron al penal con la claridad de la literatura dentro, y que en la emoción y las tareas de la guerra debieron suspender el impulso creador pero nunca dejaron de ser concientes que estaba ahí palpitante y que cada acto, cada hecho, cada gesta que vivían en la guerra era visto con especial atención y amorosamente guardado entre las neuronas y así no se perdiera al menos que la noble muerte llegase.

Creemos que hoy, a más de una década de haber concluido el conflicto, al margen de quienes aún permanecen en armas, es necesario que aquellos hechos épicos, epopéyicos sean contados también por los mismos protagonistas que las vivieron y las hicieron o las recibieron de sus compañeros, pudiendo ser organizados en forma de cuentos, novelas, poesía, testimonio o crónica.

Y para lograrlo, como ya lo señalamos en la presentación del libro “Desde la Persistencia”, debimos resolver problemas sustantivos respecto a contenido y forma. Eso demandó estudio, debate y en nuestra condición de prisioneros políticos en aquel momento implicó sobreponerse a un inicuo régimen de escarmiento. Las desventuras a las que fuimos sometidos fueron extremas.

Respecto a nuestra producción, concluimos que efectivamente debíamos superar problemas de estilo de cliché, panfleto o propaganda por la propaganda. Constituimos entonces el taller de narrativa “José Saramago” que fue muy importante en nuestra formación y trabajo y nos dejó una riquísima lección. Resultado de esa intensa labor fue el libro de relatos “Desde la Persistencia”

Así como reconocemos y señalamos nuestras limitaciones, y que aún persistimos por seguir superando, también decimos con claridad que nunca estuvimos de acuerdo con ese san benito de “el arte no debe mezclarse la política”, porque no creemos en un arte al margen de lo político, porque el arte, la literatura así como la cultura tienen origen social y por tanto carácter social y toda manifestación artística y cultural sirve de una manera u otra a determinada clase.

Desde los inicios de la Agrupación nuestro compromiso ha sido pugnar por un arte y una cultura nacional, científica y de masas. Nacional por ser antiimperialista y, por reconocer que el problema principal de nuestra nación en formación sigue siendo el problema de la tierra. Bastan dos ejemplos: la lucha reciente de las etnias campesinas de la amazonía contra el intento de despojo de sus tierras al amparo de decretos del ejecutivo, o la lucha de campesinos piuranos contra monopolios mineros que intentan apoderarse de sus tierras, para extraer el mineral sin importar los daños al ecosistema local. Contradicciones ambas que reflejan la lucha nacional contra la venta al martillo o mediante las más sucias argucias, de todo lo que pueda venderse para beneficio de pequeños grupos, de modo abierto o encubierto.

También decimos nacional porque tomamos lo mejor de nuestro rico pasado cultural para que sirva al futuro. Científica porque sea capaz de combatir cualquier tipo de superstición que intente enceguecer a nuestro pueblo. Y de masas porque sirva al pueblo, principalmente obreros, campesinos y demás trabajadores.

Seguir desarrollando un arte, una cultura nueva, solo será posible combatiendo expresiones artísticas y culturales decadentes que arrastran signos de crisis espiritual de una burguesía antinacional, retrograda y antihistórica; así como la descomposición y hundimiento de un sistema caduco que hace mucho tiempo no responde a las necesidades de las inmensas mayorías, más bien sofrena su capacidad transformadora. Sistema que hoy, a despecho de los propugnadores del fin de la historia, del neoliberalismo como camino único y salvación de la humanidad, muestra una gran crisis que, como lo señalara Marx en su momento, responde a su propia esencia y se presentará cíclicamente en un proceso largo y lento hasta su hundimiento definitivo.

Finalmente consideramos necesario expresar nuestra posición ante el debate nuevamente atizado en el encuentro de escritores en España, y que distrae nuestra atención en la medida que no se centra y se pierde en la dicotomía entre literatura urbana y literatura indigenista cuando el problema no es de regiones sino de clases, pues en el mismo campesinado encontraremos al campesinado rico (los grandes tenedores de la tierra); al campesinado medio (los también propietarios de extensiones de tierra), o al campesinado pobre que sólo cuenta con la fuerza de sus brazos o un terreno insuficiente para su propia subsistencia, y que largamente son mayoría.

En el ámbito urbano los bandos, si así podemos llamarlos, están más definidos porque sabemos por sus obras a qué intereses de clase representan y conocemos a los que se erigen como pontífices o portadores de una única verdad respaldados por toda la parafernalia de la propaganda, la prensa oficial y el poder económico. A estos, lo que corresponde es oponerles una literatura democrática, progresista y nacional, como la que en este momento encarna y promueve el gremio de escritores, siguiendo la huella que ya hemos señalado, pero aclaramos, para los susceptibles, que no estamos diciendo sean los únicos.

Para concluir volvemos a remarcar que en la literatura también se expresan las clases, en lucha de clases y que uniremos nuestras fuerzas con aquellos que están dispuestos a reflejar, defender, educar al pueblo peruano, al proletariado, al campesinado y con todos los patriotas que están por la defensa de nuestra nación.

Agrupación Cultural Ave Fénix
Febrero 2009

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