27 jul 2017

CRÓNICA: PREPOTENCIA Y ASALTO A LA RAZÓN DEL GONZALAJE


Otra crónica de lo sucedido el 15 de Marzo y que se reeditó en el II Congreso Internacional Karl Heinrich Marx organizado por el Grupo Pólemos en la UNMSM el pasado 24 de Mayo.

AVANZAN PERSPECTIVAS CRÍTICAS A PESAR DEL DESMADRE DE MOVADEF/FUDDEP EN EL GREMIO DE ESCRITORES DEL PERÚ.

Escribe: Sandro Westphalen
Reproducido de Viejo Topo (actualmente en remodelación)
I
Jirón Lampa 208, 15 de marzo del 2017. Cuando se completó la llegada de los expositores, un poco más de las 7 pm, el recinto estaba abarrotado. Se trata de un local céntrico, muy antiguo, al frente de unos de los vértices la Iglesia San Francisco. Crujen las maderas cuando se sube al segundo piso. La creciente actividad del Gremio de Escritores del Perú va disipando el tiempo estancado y renovando los colores de esta vieja casona limeña.
Sus directivos la están abriendo a otro destino posible: el de ser un refugio de intelectuales que navegan en la contracultura, un espacio de debate y no de la repetición de consignas, un auditorio para los sin voz, un territorio de la juventud rebelde e innovadora que empieza a hacer oír su voz cada vez más fuerte, a contracorriente de los discursos oficiales, blindados contra toda crítica e inmunes a la autocrítica.
Ni la Pontificia Universidad Católica ni el Instituto de Estudios Peruanos, hasta ese momento, habían aceptado el pedido de realizar ahí la presentación del último número de la revista Eolle, de la Universidad Le Havre, que a través de siete textos, aborda un tema de por sí delicado en el Perú: el papel de la mujer en la insurgencia armada de los años 80 y 90. El Gremio, según nuestra indagación, decidió acoger esta presentación y a las diversas voces que nutrieron el N° 7 de la publicación.
Como sostiene Anouk Guiné en su texto introductorio, existe una hegemonía del discurso que cierra el camino a otras interpretaciones de la historia reciente en el Perú, particularmente respecto a la participación de la mujer. Las silencian, demonizan e invisibilizan.
El anuncio de la presencia del historiador Antonio Zapata, autor de Elena Yparraguirre, la mirada de la número tres, ratificaba el carácter académico del evento, abierto a todos los públicos.
Estaban también Óscar Gilbonio, de la Agrupación Cultural Ave Fénix, autor del ensayo: Hildebrando Pérez Huaranca, Edith Lagos y Jovaldo. Texto de combate;  Rocío Maldonado, una joven estudiosa que con Johanna Gonzáles aportó el ensayo: Mujeres ‘guerrilleras’: La participación de las mujeres en las FARC y el PCP-SL, los casos de Colombia y Perú. Y, como invitado, Dinnik Ascensios, autor del libro recientemente publicado: La ciudad acorralada
II
Cuando la socióloga Anouk Guiné tomó la palabra para explicar los motivos del evento, establecer un orden de intervenciones y el momento de las preguntas del público, el local presentaba ya un panorama llamativo. Por un lado, la sala principal rebalsaba. La escalera de acceso al segundo piso estaba copada. Hubo gente que decidió retirarse apenas llegaba, pues ya  no había lugar.
Pero por otro lado se apreciaba, según algunos acuciosos observadores, un grupo de Movadef/Fuddep. Se trataba de unas 20 a 30 personas, entre jóvenes y adultos, de un público de unas 120 personas aproximadamente. Desde su fundación en el 2009, el Movadef y hoy Movadef/Fuddep, a través de sus activistas, básicamente se han dedicado a recoger firmas día y noche en aras de la Amnistía General, el motor de toda su actividad política.
Dos veces, el 2013 y el 2016, han visto que la puerta del JNE se les cerraba y los dejaba en la acera abrazados a sus fardos de padrones, conseguidos a pesar de todo con enorme esfuerzo. Sin embargo, un nuevo fracaso, no debiera hacerles perder el tono y la cordura. Empezando porque debieran estudiar minuciosamente la causa de ellos. Le echan la culpa de todos sus males a la persecución política: cuando, en verdad, les han permitido adquirir sus kits electorales. Irónicamente, había retado la alta valla impuesta diciendo que lograrían la meta de firmas en menos de lo que canta un gallo. Pero esto de la persecución política ya suena aburrido. ¿Por qué no les piden a sus dirigentes una explicación convincente de su nuevo fracaso? ¿Por qué se dejan empujar, una vez más, a otras actividades y otros blancos de ataque cuando el tema de fondo está sobre la mesa y en su propia cancha?
Cuando Movadef/Fuddep ha ido a un evento académico donde se exponen posturas que no son las suyas, han ido básicamente a hacer desmadres. Eso se llama: «volar el evento». Y como si el mundo fuese de su propiedad, como un niño que se considera dueño de todos los juguetes, llegan a «exigir» que les den un lugar en el panel, porque lo otro es marginación, etc. El caso más recordado es del 2012, en la presentación del libro Profetas del odio, donde cumplieron el paradójico papel de regalarle a Gonzalo Portocarrero su primer y único best seller.
En ese escenario del Gremio de Escritores, donde Movadef/Fuddep asomaba, según nuestras fuentes, los ponentes estaban alertados de lo que podía ocurrir.
Antonio Zapata, el ponente más conocido, expuso tres puntos centrales. Pero podríamos resumirlo así:
A contracorriente de la visión maniquea de que las mujeres del PCP-SL, eran simples ejecutoras de órdenes, él ha descubierto que ellas tenían una notable capacidad de autonomía o agencia. Y lo ha descubierto o comprendido, afirma, en los tres años de entrevistas a Elena Yparraguirre, «la número 3». Y que con ella ha alcanzado una buena relación y empatía. A partir de ahí, Zapata concluye, sin más, estar abriendo una nueva explicación sobre SL que rebate la posición de Feliciano de que era una organización vertical. Si había autonomía entonces, sostiene, cada sección de la organización aplicaba según su manera y quedaba diseñado un terreno ambiguo de responsabilidades, tanto en dirección como en las bases.
Zapata, que considera estar haciendo Némesis II, no advierte que está concluyendo no una nueva postura interpretativa propia e innovadora, sino una versión coincidente con la de la cúpula de SL, que afirma que ellos tan sólo elaboraban las grandes ideas, y que cada quién hizo lo que quiso, fuera de su control. Y, además, como Zapata expuso sólo la sustancia de su nueva posición y evitó remarcar su distancia y oposición, los chicos del Movadef/Fuddep, se inclinaron reverentemente ante su intervención como lo único rescatable del evento y «lo más avanzado». La directiva o pauta, entonces, estaba clara.

III
Pero si Antonio Zapata moduló su discurso, quizá previniéndose de colisionar con Movadef/Fuddep, Óscar Gilbonio expuso su postura sin ambages ni medias tintas. Conversando con el escritor, nos aclaró que él tenía pensado exponer básicamente su ensayo y el libro Textos de Combate, pero dado el clima que se apreciaba prefirió, además, ponerlos en contexto  y ganar iniciativa.
Podríamos resumirla así: Él participó en una organización alzada en armas, por la cual purgó prisión. Que las condiciones histórico-sociales le llevaron a tomar una postura por la transformación social. Que estando en prisión abordó la  literatura y que fue desde tiempo atrás una de las voces que exigían un balance autocrítico de la organización. Que en la propia literatura, se aprecian los problemas de fondo que los dirigentes no quieren abordar. Pérez Huarancca, por ejemplo, ya expone la situación del Perú en los 80, y que en nada eso hablaba de un país semifeudal, como era el discurso de SL. Y que ese fue uno de los factores de su derrota.
Cuando Gilbonio intervenía, empezaron a producirse roces y tumultos. Alguien, desde las escaleras, gritaba:
Renegado, renegado.
Otro, empezó a arengar:
¡Abajo la farsa del juicio!
Venían pues con consigna: entre otros, la de convertir el evento en una tribuna para denunciar sobre el juicio que el Estado Peruano ha abierto al Comité Central del PCP-SL. Y como eran malamente tratados en tal juicio (rechazamos ese juicio, porque apunta contra dirigentes que ya cumplieron su condena, y deben salir en libertad), aquel que osara criticarlos pasaba automáticamente a convergir y ser cómplice, y por qué no agente del enemigo. Más valía callar, porque los «héroes revolucionarios», sobre todo el Felón Abimael Guzmán, estaban librando una batalla decisiva en los tribunales.
Pero yendo un poco más allá, se trata, por cierto, de un juicio traído de los cabellos, y que apunta a arrancar compromisos, creemos, no tanto de AGR y EYR dos capituladores en toda la línea, sino a los otros dirigentes que ya debieran salir en libertad, algunos de los cuales podrían tener muy firme su condición y su papel. Una larga vida dada a la revolución, no puede caerse como hojas de otoño porque el líder les dice que caminen de rodillas junto con él. Así, no cabe emboscar esta realidad ni esta virtual o probable contradicción a la vista,  por más que Guzmán aparezca ya encorvado, sin dientes y reclamando airadamente por médico privado.
Frente a estos gritos victimizantes propias de una portátil bien aceitada, otras personas que habían ido al Gremio a escuchar el debate, y pedían que los dejaran escuchar; que aquel era un lugar para la discusión de ideas, no para lanzar consignas.
Las grandes figuras de Mariátegui, Vallejo y Arguedas, lo observaban todo, impasibles, desde el banner del Gremio de Escritores del Perú. Mariátegui, con su mirada agónica y pura: el heroísmo de su existencia breve y fecunda nos emplaza a todos. Arguedas, sereno, en el apogeo de su vida trágica. Vallejo, pensativo, parecía seguir hilvanando en esa potente cabeza, versos universales.
El ánimo de los exaltados activistas del Movadef/Fudepp a todas luces era provocar un enfrentamiento. Y de un enfrentamiento sólo podía esperarse la finalización del evento. Por eso, algunos concurrentes nos dijeron:
Si bien les llamamos la atención, se notó que ellos empezaron a buscar enfrentamiento.
Un miembro del público, exigía que dejen hablar a Gilbonio. Y, en efecto, aprovechando su número y por orden terminante y marcial de un emperador de palo que bajó el dedo, se oyó:
¡Sáquenlo!―.
En el mismo momento un grupo del Movadef/Fuddep, que se creía dueño de la situación, lo empujó y agredió a empellones, bajándolo a la fuerza por las escaleras. Si hubiese tenido un grupo que lo apoyase, eso habría llevado a una batalla campal. Este activista popular que se resistió a la agresión manchera, tenía marcas en el cuello, fruto de la agresión, pero no se arredró y regresó al ruedo. Gilbonio, por su parte, terminó su intervención con el debido aplomo.
Anouk Guiné, moderó el debate hasta donde pudo y debió afrontar las preguntas e invectivas. Allá por el 2014, cuando Guiné, empezaba a profundizar en los entretelones del conflicto armado, Movadef le obsequió flores seductoras en Huamanga. Ayer fue saludada, hoy era atacada. Rocío Maldonado, que había intervenido primero, expuso un trabajo que evalúa si en verdad existió un carácter emancipador de la participación de la mujer en la Lucha Armada. Básicamente concluye que en SL se mantuvieron los moldes patriarcales. Dinnik Ascensios, por su parte, había comentado con detalle el trabajo de Antonio Zapata.

25 mar 2017

UN DESBORDE MÁS, SÍ IMPORTA


El reciente 15 de marzo cerca de un centenar de personas fuimos testigos del accionar –en vivo y en directo- del pensamiento Gonzalo y confirmamos sus defectos fundamentales que colocan en entredicho su autoproclamado carácter proletario: incapacidad para debatir y falta de espíritu autocrítico.

El suceso fue la inusual presentación de la revista EOLLE, conformada por 7 ensayos sobre el conflicto armado interno y la cuestión de género, y el escenario, el sobrio espacio proporcionado por el Gremio de Escritores del Perú.

Desde la convocatoria el espíritu de los organizadores era propiciar el debate. Tratándose de asuntos que nos remiten a la confrontación armada de los 80, cuyos rescoldos todavía perviven, era previsible que se manifestasen diversas opiniones. Si bien los ponentes se habían esforzado en que sus trabajos ofrecieran una mirada distinta de la establecida desde el Estado, no esperaban conformidades, sino opiniones críticas, disentimiento fundamentado.

Pero los seguidores de Abimael Guzmán se habían preparado para otros fines. No habían asistido a debatir sino a sabotear el evento. Sus coordinaciones, enlaces, movimientos entre el público, eran demasiado evidentes. Previamente tenían que denostar a los ponentes de modo que su voz quedara debilitada y sus ensayos perdieran peso. La única versión de los vencidos debe ser la de ellos, cualquier otra que discrepe, aun proviniendo de sectores del pueblo, estorba.

Ni las intelectuales Anouk Guiné y Rocío Maldonado, que batallaron por reflexionar acerca del papel de la mujer a contra corriente de los estereotipos maniqueos, se salvaron de la diatriba. El historiador Antonio Zapata, se retiró ofuscado porque no le permitían hablar. Los seguidores de Guzmán tuvieron micrófono libre, la oportunidad de ponerse a la altura y, una vez más, la arruinaron.

Y no erraron por falta de experiencia o ardor en la disputa. Erraron por problema de conducción, por problema de línea. Es así como habían sido orientados.

La contradicción rige en todo y debemos esforzarnos por registrar la realidad tal cual, adaptar el pensamiento a la realidad cambiante. ¿Se condice con la verdad afirmar que la guerra popular marchaba justa y correcta hasta la detención de Guzmán? ¿Corresponde a una dirección omitir el balance autocrítico de sus hechos? Estos eran algunos de mis planteamientos de fondo y para no responderlos había que adjetivar, imputar, gritar, callar la boca al oponente.

En otros tiempos resolvían expeditivamente con el artero balazo.

En los 80, me conmovieron el multitudinario sepelio de Edith Lagos y la heroica resistencia de los prisioneros de El Frontón, entre los cuales se encontraba José Valdivia Domínguez (Jovaldo).  A Hildebrando Pérez Huarancca lo leí a fines de los 90, cuando decidí incursionar en la narrativa. Los tres tomaron la pluma para expresar ante el mundo su pensar y sentimiento y cayeron abatidos en los primeros años del conflicto interno. Solo Edith reposa en una tumba conocida, un breve espacio de peregrinación y respeto. Reflexiones fueron surgiendo a modo de preguntas desde inicios de siglo y, estando en Venezuela, por fin pude esbozar respuestas, proponer hipótesis en un ensayo titulado Hildebrando Pérez Huarancca, Edith Lagos y Jovaldo  Textos de combate.

La figura de Hildebrando se había asociado a la masacre de Lucanamarca a partir de un endeble testimonio recogido por la CVR, sin desmentido oficial del PCP-SL. Edith parecía pervivir en la memoria de jóvenes inflamados o paisanos ayacuchanos. Solo Jovaldo había merecido la reedición de su obra, aunque su madre expresaba una posición sumamente crítica respecto a Guzmán y su conducción de la guerra.

¿Lucanamarca fue realmente una acción de repercusión positiva para los alzados en armas? ¿Hildebrando discrepaba con la caracterización partidaria de la sociedad peruana como semifeudal y semicolonial? ¿Por qué no se volvió a repetir una manifestación abrumadora como la del sepelio de Edith Lagos en 1982? ¿Pudo haberse evitado el sacrificio de Jovaldo y sus cientos de camaradas? ¿Se debe valorar al hombre sencillo, que con sus peros y todavías, se atrevió a levantarse? Cuestiones que martillaban cuando analizaba los escritos de cada uno. Concluí que no podía entenderlos en un plano puramente literario, sino en su integridad con el contexto político y social de la época. A la vez serviría para entenderme más, explorando retrospectivamente otras aristas en las decisiones que marcaron mi existencia.

La revista EOLLE acogió estas reflexiones, una revista extranjera preocupada por el mundo. Y las expuse en el evento, con acento apasionado, sí. Los gonzalistas se indignaron, era inaceptable atreverse a pensar. El odio de clase, que no profesan cuando apoyan el indulto a Fujimori, se desbocó. Lo que vino después está siendo ampliamente detallado por crónicas de diversos testigos.

Algunos de ellos se pronuncian, criticándoles. Los seguidores de Guzmán, como consuelo, se han defendido con el sofisma: Se trató de un desborde, el desborde es una ley, el mismo que usó su líder para justificar la masacre de Lucanamarca[1]. Pero la situación era totalmente distinta y había que captar el sentir de las masas. El auditorio estuvo repleto desde las siete en punto, eso demostraba el interés que concita el tema. Muchos habían asistido para conocer más acerca de un asunto poco o mal tratado, sobre el que existe un velo de censura y la confrontación de ideas era lo que se esperaba, no el acallamiento. Pero ciegos y sordos actuaron en contra. Es cierto que hubo exceso y fue el ejecutado por los seguidores del llamado pensamiento Gonzalo, totalmente alejados del estado de ánimo de las masas. Un desborde más –léase fracaso-, propiciado por tal pensamiento, qué importa. Bastará con afirmar fue una acción contundente, hemos logrado altísima cohesión, despanzurrado intelectualillos que sirven a la reacción y al imperialismo, agentes de la CIA, renegados, bla, bla, bla. ¡Y pobre de aquel que diverja!

Algunos ensayan otra defensa afirmando que procedieron así porque no se les incluyó entre los ponentes. ¡Qué descaro! Sumadas sus intervenciones abarcaron más tiempo que cualquiera de ellos. ¿Qué trabajo crítico han escrito para merecerlo? Es como si invitaras a alguien a tu casa y encima te quiere sacar a patadas. Ni repararon que entre los siete ensayos estaba incluido el de Pilar Meneses, una ex prisionera, Las mujeres peruanas sobrevivientes a penas de cárcel de más de 15 años por delito político. Entonces hicieron lo que hicieron, registrado está. Otros pudieron ver lo que no habían visto.

De mi parte conozco esa línea de acción desde hace casi 30 años. En 1998, estando en prisión, junto a otros detenidos propusimos luchar con nuestros familiares por mejores condiciones y libertad, generando una opinión pública favorable y esa línea se opuso tras que pondríamos en riesgo las conversaciones por un Acuerdo de Paz con el gobierno de Fujimori. No nos detuvimos. Luego quisimos educar y dar cultura al elemento humano y se resistieron pretendiendo destruir, entre tantos objetivos, una exposición de pintura al mismo estilo de la noche del miércoles 15. Tampoco se lo permitimos. Fundamos un pabellón donde se podía culturizar, luchar y laborar con más libertad y entendimiento, donde la Agrupación Cultural Ave Fénix desató su iniciativa organizando  encuentros de escritores y escritoras, conciertos, exposiciones de arte, pintura, afiches y tantas obras inimaginables entre rejas.

Soy un disidente de la estupidez política, del dogmatismo, del autoritarismo. Es la verdad pura. Soy –o me esfuerzo en ser- practicante de la dialéctica y de las enseñanzas de Mariátegui.

El historiador Antonio Zapata se preguntaba en su ensayo  Elena Yparraguirre: La mirada de la número tres  cuánto pudo haber influenciado en el PCP-SL el hecho que una de sus más altas dirigentes, la camarada Miriam, haya provenido de un hogar encabezado por un activo militante aprista y haya tenido una formación religiosa, casi monástica.

Los seguidores de Guzmán se encargaron de responder, sin proponérselo y ante la luz pública, estas interrogantes de carácter fundamental para una agrupación que todavía se reclama, parte del campo popular y, en no pocas ocasiones donde puede y se le permite, auténtica y única representante del pueblo.

Sus métodos de lucha son la antípoda de los usos del Amauta, concurren nítidos con los del tristemente célebre aprista búfalo Pacheco y su pensamiento exuda metafísica por los poros: invierten el proceso del conocimiento y pretenden que la realidad se ajuste al pensamiento. Algunos hablaron de lo que no conocían ni habían leído. Mi ensayo se fundamenta en alrededor de 40 fuentes, entre libros, documentes del PCP-SL y entrevistas. Sin embargo exigían fuentes. Cuando se les fue respondiendo no aguantaron y patearon el tablero.

Armado el despelote pretendieron ser condescendientes con Zapata quien ya se había retirado. O tampoco lo leyeron o decidieron ser más permeables para colgarse de alguien.

En fin, todos aprendimos algo, incluso aquellos que todavía siguen la torcida línea del pensamiento Gonzalo, y más todavía, aquellos de mente crítica y corazón valiente, que se acercaron para compartir ideas y proyectos.

Oscar Gilbonio







[1] Lo que necesitábamos era que las aguas se desbordaran, que el huayco entrara, seguros de que cuando entra arrasa pero luego vuelve a su cauce. La entrevista del Presidente Gonzalo.  http://www.solrojo.org/pcp_doc/pcp_0688.htm



10 mar 2017

REPENSANDO LA MIRADA OFICIAL DEL CONFLICTO INTERNO

Viene circulando a nivel internacional la revista francesa EOLLE, órgano de la Université du Havre Normandie, que en su número 7 contiene valiosos ensayos sobre el conflicto armado interno en el Perú y la cuestión de género. Algunos de ellos permiten re-pensar la historia oficial, es decir, la versión maniquea impuesta desde el Estado peruano en su condición de vencedor, así como la difundida por los órganos y canales de la propia agrupación subversiva.

Dos años de entrevistas con la camarada Miriam proporcionaron al historiador Antonio Zapata un valioso material testimonial para elaborar Elena Yparraguirre: La mirada de la número tres. Sobre su padre, Elena confiesa su ardiente militancia aprista y su compromiso con la masonería. Respecto a sí misma, su férrea  formación cristiana, con énfasis en la educación primaria. ¿Cuánto influenció esto en la naturaleza del PSP-SL, máxime si se trataba de la dirigente número tres, quien tras la extraña muerte de Augusta La Torre (Norah) pasaría a ocupar el segundo lugar además de nueva consorte de Abimael Guzmán? Es una de las interrogantes que se plantea el historiador.
La investigación también detecta la pretensión de Elena —al igual que Abimael— de eximirse de su responsabilidad en la conducción de la guerra y, sobretodo, de sus manifestaciones extremas. Si el CC diseña la línea general, entonces el responsable de base siente que solo está aplicando lo que la dirección ha decidido: por lo tanto, él no es responsable, simplemente tiene que obedecer. Pero para el CC, los planes concretos y los ajusticiamientos selectivos en particular son hechura de los responsables de las bases y de los comités. Así, el mecanismo de toma de decisiones permitió evadir la responsabilidad moral del núcleo dirigente. Elena no escatima en señalar a Laura Zambrano (c. Meche), maestra de profesión, como la transmisora de la orden para la ejecución de la condenable masacre de Lucanamarca.
Respecto a las mujeres en la dirección del PCP-SL, Zapata concluye: Dispusieron de un margen de agencia bastante elevado y que lo ejercieron con autoridad y firmeza, aunque en última instancia le tenían una devoción y respeto a Guzmán que parece cercano a la mística pasional.

Zapata delinea las dos estrategias enfrentadas: del Ejército y el PCP-SL, señalando lo que supone falencias y aciertos en cada una. Precisa el papel clave de Norah: Al faltar Augusta y su rigor para el análisis político, Guzmán pensó en forma grandilocuente. Era una antigua costumbre, cada vez que Sendero estaba en problemas, su dirección salía de ellos sin afrontarlos, sino cambiando de escenario. En esta ocasión sostuvo que Sendero estaba entrando al “equilibrio estratégico” y que debía pasar de la guerra de guerrillas a la guerra de movimientos. Era una fuga hacia adelante... la política dejó de estar al mando y se produjo el baño de sangre de 1992.
Estas conclusiones coinciden —o confirman— las posiciones que algunas facciones o miembros disidentes del PCP-SL venían sosteniendo desde el 2012 con mayor claridad y en relación a la necesidad de un balance autocrítico. Guzmán trató de silenciarlos pero, apelando a su propia cosecha, es válido recordar que la realidad termina por imponerse.
La vida y obra de tres escritores insurgentes, caídos en diversos periodos del conflicto, permiten a Oscar Gilbonio, miembro fundador de la Agrupación Cultural Ave Fénix, reflexionar sobre arte —en especial literatura— y sus conexiones con el entorno histórico, social y político previo al estallido del conflicto en 1980 hasta la matanza de los penales acaecida en 1986. El ensayo se titula Hildebrando Pérez Huarancca, Edith Lagos y Jovaldo  Textos de combate.
Del análisis del libro Los Ilegítimos del primero, surge una aseveración: Hildebrando no deja de enaltecer a los protagonistas del pueblo, como héroes anónimos que se elevan siempre con una victoria moral, de principios, y resultan al fin superiores ante pruebas u ordalías que nos presenta la vida.  Y confronta los relatos del escritor con la posición oficial del PCP-SL en el sentido que este propugnaba el carácter semi feudal de la sociedad peruana en tanto que aquel nos mostraba un escenario ayacuchano —en Cangallo— donde ya se desenvolvía y manifestaba el capitalismo.

Poco se ha investigado respecto a la motivación de los jóvenes para incorporarse a la lucha armada. El sociólogo Dynnik Asencios tiene un trabajo meritorio: La ciudad acorralada. Por su parte, Gilbonio al escrutar los versos de Edith Lagos, afirma: Muchos jóvenes se plegaron a la lucha armada, más por sentimiento, pues no tenían un conocimiento profundo de la política, la economía y la sociedad. Según Edith, no deben quedarse en sentir, sino también, y en primera instancia, vivir; asimismo, gritar y tantas cosas más que forjan el sentimiento y la razón. Expresa el espíritu revolucionario de la época, el amor por la vida, el ¿qué hacer?
Finalmente sobre José Valdivia Domínguez, el malogrado vate, asevera: Jovaldo es un trovador del pueblo que zahiere la mirada convencional de los asuntos ecuménicos a la orden del día, proponiendo una versión distinta y alentadora. Se adhiere al movimiento y acompaña el sacrificio de trescientos prisioneros en 1986.

Los tres investigadores, estarán presentes el miércoles 15, en el local del Gremio de escritores del Perú (Jr. Lampa 208) a las 7pm con motivo de la presentación de la revista bajo la conducción de Anouk Guiné, quien ofrece un estudio reciente sobre Augusta La Torre y el Movimiento Femenino Popular.
Braulio Morante

25 dic 2016

TEXTOS DE COMBATE: UNA MIRADA AL ENSAYO RETROSPECTIVO...


Edith Lagos, José Valdivia Dominguez (JOVALDO) e Hildebrando Pérez Huarancca, son nombres que tal vez  a muchos los remonta a los años 80, a la violencia armada que azotó el Perú durante poco más de dos décadas y, tal vez a otros sólo les sabe  a olvido. Pero estos tres escritores y guerrilleros son eje central del libro titulado “Textos de Combate”  (Ave Fénix Ediciones) de Oscar Gilbonio, destinado para la revista francesa EOLLE, de la universidad de Le Havre, cuya presentación será la próxima semana (según informa el autor) y cuyo borrador final acaba de llegar a mis manos, por lo que decidí darle una lectura veloz, previa a la presentación oficial.
Oscar Gilbonio trata de asomarse a las vidas trágicas (y lo logra de forma muy positiva) de estos tres personajes, que fueron antes que nada soñadores y románticos, inclinándose de esta forma a la literatura; dos de ellos a la poesía y uno a la narrativa. Las obras de los tres, son muy poco conocidas en el ámbito literario peruano y los tres murieron en el transcurso del suceso armado iniciado en mayo de 1980,  a temprana edad y en diferentes circunstancias, durante los primeros 6 años de conflicto interno.
Al leer “Textos de Combate” de Oscar Gilbonio, uno puede asomarse a la vida de los tres jóvenes martirizados en el fragor de la guerra; rescatar datos no conocidos hasta la fecha sobre estos que en diferentes medidas, militaron para el PCP-SL. Se adentra  también a la investigación biográfica, y a la vez un poco a la investigación sociológica. 
Aclara el autor que quiere hacer un análisis sobre la obra de los mencionados demostrando su validez como textos literarios, así como obras enlazadas a un contexto histórico, partiendo de los conceptos de Escajadillo y Mariátegui principalmente, además de rescatar el arte que practicaban estos tres destacados militantes del grupo subversivo. 
 En este aspecto, noto que Gilbonio al asomarse al análisis del contexto histórico no puede evitar irse con más intensidad hacia el lado político, tratando de contextualizar el tiempo en que fueron escritos los textos y a la par busca criticar, desvelando errores garrafales en la posición planteada por el entonces Abimael Guzmán Reynoso que quería realizar una guerra interna al estilo Mao Tse-tung en China.
 Ahí es donde veo que el análisis literario, hablando de la forma, estilo o generación literaria (que sí la hay aunque no tan amplio como se debería), desde mi perspectiva, pierde intensidad y el autor se vuelca al estudio del contexto-histórico y al análisis político de las concepciones ideológicas de los tres escritores contrastándolas con la planteada por la directiva del grupo subversivo, que desató una guerra cruenta en el país.
Sin embargo, el autor de “Textos de combate” no cae al tedio o al alargamiento, ni a un estilo ensayístico propiamente político, sino que mantiene su ensayo literario dentro de un ritmo dinámico, analizando  más el fondo de las creaciones de los tres escritores y sacando de ellas o relacionándolas con lo vivido por cada autor.
 No me explayaré demasiado, pues ya más adelante se hará un análisis detallado del libro. Otro de los puntos destacables de esta publicación es que nos remonta a tiempos históricos que tuvo que afrontar el Perú, a la vida trágica, romántica, apasionada y corta de tres literatos, que pese a no ser considerados oficialmente, aún superviven en la memoria del pueblo peruano, pues no es raro escuchar entre los gremios de trabajadores, alguno que otro poema de Jovaldo o en Ayacucho (entre cantantes o declamadores o campesinos), el recital de algún verso de Edith Lagos, como tampoco les es ajeno a los especialistas en literatura peruana hablar sobre los cuentos de Hildebrando Pérez Huarancca, considerado neoindigenista en este libro, pero a la vez premiado por sus narraciones, donde la crítica especializada, asegura encontrar realismo mágico en sus cuentos.

"Textos de Combate" es para mí, recomendable....
J. Miguel Vargas Rosas

19 jun 2016

NUESTRO JOVALDO

No he nacido felizmente
con la boca clausurada;
me van a tener que oír
con la voz dinamitada.

Jovaldo, Habla un cantor

Hace treinta años, en la isla Penal de El Frontón, fue asesinado y desaparecido José Valdivia Domínguez (Jovaldo). Desde entonces su madre lo busca y lo venera. Sus versos aún martillan y se difunden. Nuestro homenaje a un trovador del pueblo.


Hizo la primera comunión en el Callao, donde nació en 1951, y al hacerla descubrió en las palabras del sacerdote la primera falsedad: el predicador había advertido a los párvulos que a los niños mentirosos se les adhiere la hostia en el paladar.
Jovaldo percibió en el suyo la sequedad de la lámina pegada y entendió, a sus nueve años, de quién venía la mentira. Pero además constató, que mientras a los feligreses se les brindaba una hostia casi transparente —que llamó en adelante “papel bond”—, el sacerdote se deleitaba con una mayor y más sólida y con una copa de vino adicional.
Había detectado, en su parecer, signos de falsía e injusticia y se lo increpó a la madre, pero ella, sumida en creencias tradicionales, no pudo entenderlos sino como malos pensamientos merecedores de una paliza. Así cuenta doña Francisca Domínguez, la progenitora del poeta, con evidente nostalgia.
A esa edad ya recitaba a Vallejo —continúa ella—y tardaba horas en llegar a casa tras haber salido del colegio. La razón era singular: no se había quedado distraído en algún juego frecuente de niños sino que asistía a la biblioteca local en compañía de su hermano, dos años menor, otro precoz iniciado en la declamación. Y si bien el bibliotecario pretendió echarlos en ocasiones aduciendo ¡qué van a hacer estos enanos aquí!, el interés y deleite que mostraron los niños por los libros le hicieron desistir. En la humilde casa familiar no se disponía de aquellas lecturas que estimulaban la fantasía de los chiquillos.
Así daba sus primeros pasos en las letras José Valdivia Domínguez: Jovaldo, un trabajador de la cultura popular, como él mismo se definió. Y conforme avanzó en sus estudios se hizo patente su preferencia por las matemáticas, la literatura, la música y el dibujo. Mientras que las notas más  deficientes —en rojo a veces— correspondían a religión y servicio militar, cursos que llegó a detestar. Su espíritu adolescente rechazaba la imposición de ideas sobre Dios y la patria.

Doña Francisca Domínguez, huaracina de recio temperamento; y Don José Valdivia, músico aficionado: los padres del poeta.

La familia debió mudarse a un cerro completamente árido, en lo que hoy corresponde al distrito de Tahuantinsuyo, cuando era una planicie carente de servicios de agua, luz y desagüe. La casita de esteras levantada pronto se convirtió en el centro de operaciones de los hermanos Valdivia: una especie de fortín con hojas de papel bond pegadas en sus paredes, como afiches o dazibaos, hacían de parapetos al viento, mostrando fragmentos de poemas universales que Jovaldo seleccionaba, escribía y celebraba con grandes letras.
Para los vecinos, poco aficionados a la poesía y a la lectura, constituía una muestra de locura el malgastar dinero en papel y tinta de ese modo. Para Jovaldo debió ser una muestra de libertad y proclama en una tierra tomada bajo el cielo del cono norte de Lima.
Hizo la secundaria en el colegio Ricardo Bentín y la carencia familiar no fue un obstáculo para que Jovaldo detuviera su autoformación. Además de lector impenitente de libros, adicionó a su gusto revistas de la época. Y devino también distribuidor. Mercadeaba entre la gente de Tahuantinsuyo desde folletos que prevenían enfermedades venéreas hasta la histórica revista Pekín informa. Así se proveía de un ingreso y se informaba de los aconteceres del país y del mundo.
La veta polémica se le había encendido: se le veía en largas discusiones con mormones, evangélicos y toda clase de predicadores que llegaban a su casa para exorcizarlo.  ¡Que vengan treinta, cuarenta, cincuenta y no podrán!, decía.
Apenas culminó la secundaria, a los 19 años, salió sorteado para hacer el servicio militar y doña Francisca, con el objetivo de evitarle una carrera castrense, le obligó a postular a la Universidad Federico Villarreal, con un examen de admisión en ciernes. Jovaldo le rogó mil veces que fuera San Marcos, porque consideraba a la primera infestada de aprismo. Para entonces se había vinculado a jóvenes sanmarquinos con quienes compartía inquietudes literarias y sociales. Doña Pancha invocaba al cielo y pedía por el hijo que, con razones sin importancia para ella, se oponía a sus designios.

Doña Pancha refiere que su pensamiento tradicional se confrontaba con frecuencia con el de su hijo. Aprendí mucho de él —afirma—. Yo le daba duro para que cambie y al final quien estaba equivocada era yo.

Tal vez podemos detectar otra fuente de una vena artística en el padre, don José Benjamín Valdivia, quien era un amante de la música e infundió esa preferencia en sus hijos. Tocaba la flauta, la quena y el violín y se llevó bien con los muchachos hasta su prematura muerte, en un accidente fuera del trabajo (1977). Por eso la familia no recibió indemnización alguna y quedó en el desamparo.
Jovaldo vio truncada su posibilidad de seguir estudios superiores. Era el hermano mayor y debía trabajar para ayudar a su madre y sus dos hermanos menores. Chavelita, una niña especial y de siempre, lo recuerda con viva emoción: Mi hermano era muy bueno, afirma y otorga besitos al cuadro que se conserva en un lugar especial de la casa, adornado con flores de colores.

  Yo daré la vida por ti y por todas las Chavelas, hermana…
  Y brotarán muchos árboles buenos y sanos.
  Tampoco habrán justos en las cárceles.
  Tampoco habrán víctimas en las cárceles.

Chavela conserva la inocencia de una niña. Sostiene el poemario Canto al futuro de su querido hermano.

La literatura se consolidó como la actividad que ocupaba todo el tiempo que podía disponer el joven. Se sumergía en su mundo para dar a luz una página y otra, un cuaderno tras otro. Así los manuscritos se fueron acumulando y, poco a poco,  definió su forma expresiva preferida: la décima, muy utilizada y difundida entonces por Nicomedes Santa Cruz.
En el contexto del gobierno militar de Morales Bermúdez, a mediados de los setenta, inició la difusión de sus primeras composiciones, caracterizadas por un estilo punzante, agitador. El barrio de Tahuantinsuyo le quedó corto y extendió sus andanzas a otras plazas y avenidas de la capital, incluso declamaba en buses de transporte público. Aleccionado por la vida en resolver carencias, apeló al stencil[1]y al papel periódico para dar a luz sus primeros poemarios artesanales. Con ellos asistía a cuanto evento o reunión pública donde se le permitía la palabra.
Iniciada la rebelión armada en Ayacucho en 1980, el vate, como otros peruanos, apreció el hecho con esperanza. Sus versos, que no son del gusto de los de arriba, continuaban removiendo y educando a las masas populares. El año 83 fue apresado bajo una acusación falsa.
Doña Pancha, conmocionada, inicia la batalla por la libertad de su hijo. Relee sus poemas con otra mirada, va entendiendo el sentido de los mismos, ve el mundo desde una perspectiva diferente, aligera el fardo de sus ideas tradicionales. Jovaldo amaba tanto la vida, repite. Y sacudiéndose a sí misma recuerda las palizas injustas que algunas veces le daba.
En el islote de El Frontón, Jovaldo continuará con su labor creativa, con la inspiración del mar, las aves marinas y la lucha de los camaradas presos contra el aislamiento, las restricciones y, durante el gobierno aprista, contra el genocidio en marcha.
Un 18 y 19 de Junio, hace precisamente treinta años, se llevó a cabo tal exterminio. Los prisioneros, derrochando heroicidad, resistieron a fuerzas armadas inmensamente superiores en armamento bélico.  Los caídos y ejecutados extrajudicialmente sumaron alrededor de trescientos y la sociedad peruana se conmovió por el suceso.

Jovaldo vive en la memoria del pueblo. Es ejemplo de artista revolucionario. Pensó, habló y actuó consecuentemente, lejos de quienes se mostraron radicales al extremo pero traidores en hechos.

Ellos eran muy unidos, eran todos para uno y uno para todos —confirma doña Francisca.  Al fin de la masacre, ella junto a otras madres, no pudieron hallar el cadáver del hijo y buscaron, y siguen buscando. Cuando Jovaldo cae, yo asumí la difusión de su poesía. Muy raro me sentía, porque nunca había declamado —señala.
Con el tiempo transcurrido, ella tiene apreciaciones sobre el arte de su hijo y sobre el personaje que comandó al movimiento subversivo. Dice que algunos poemas no le gustan: aquellos donde pone a “Gonzalo”. Él es un hombre —reflexiona— y por lo visto le encantaba que pusieran su nombre por todos lados porque nunca rechazó que lo mencionaran.
El señor Gonzalo nunca estuvo con nosotras —expresa con voz de madre coraje— pensé que estaba en las montañas, en los valles, en la sierra  luchando. Lo capturan en Lima, en un lugar burgués, siempre mandando cuando el papá debe estar en la lucha como ejemplo. Pero él nunca estuvo —y agrega como exigencia—: debió pedir perdón ante el pueblo, ante los familiares, que nuestros hijos no eran terroristas. No hizo eso, sino más bien acuerdos con Montesinos.
Doña Pancha se despide, tiene dolor en las articulaciones y en los huesos. Nos sigue hasta la puerta, en el abrazo nos transmite su bendición de madre, el orgullo por su hijo y su temple para seguir adelante.

Braulio Morante


[1] Plantilla sobre la que se escribía a máquina o con un punzón, resultando perforaciones. De esta manera, al papel solo llega la tinta que pasa por el hueco recortado de la plantilla.


24 may 2016

VARGUITAS EL PORNOGRAFICO

Vargas llosa en una reciente aclaración a la pregunta de la diferencia entre pornografía y erotismo, ha dicho: “En la calidad exclusivamente. La pornografía es un erotismo mal escrito.”[1] Discrepamos profundamente, estamos seguros que no es una diferencia de técnica, de recursos estilísticos, de armas y colores, la diferencia entre pornografía y erotismo es la misma diferencia entre carne y mujer, y no por caer en defensores de la moral y de las buenas costumbres, eso al obispo de Lima. Sino aclarar el contrabando que hace Vargas Llosa en su penúltima obra “Cinco Esquinas” la cual merece una apreciación desde nuestra paciencia lectora.

Varguitas ha retornado al mismo punto del cual inició su carrera literaria. No es el púber que escribía novelitas para que se masturben sus compañeros de clase, y obtenía propinas de su trabajo, ahora es el anciano, el escritor de ágora, canoso y de 80 años. Pero estos nos han devuelto un premio nobel intrascendente, su novela carece de contenido, es la visión de Perú que él tiene, un empresario minero metido en sus entretenimientos, en la vida doméstica, nada para resaltar. Un chato personaje, casi lumpenesco que asciende al periodismo de espectáculos, algunos personajes que se arrastran sudorosos y húmedos por los veintidós capítulos de la novelita, seres que como el narrador, atisban el pasado y el presente, lo inmediato, no hay en ninguno una mirada al porvenir, o son los mismos vecinos de las viejas quintas de Julio Ramón Ribeyro, ese es el Perú de Vargas Llosa.  Retrata, con aciertos,  algunos de los personajes que aún purgan largos años de prisión por asesinatos y corrupción, aun así el Doc.  queda acartonado. La caratula es puro marqueting, no tiene ni como telón de fondo la violencia política que vivió el Perú en la década del 1980, ni siquiera es una verídica amenaza para los personajes.

Lo rescatable de la novela es la técnica, el ritmo de la novela policial que le imprime, como siempre los diálogos maestros que le dan movimiento, del ambiente no queda mucho, pues gran parte es recuerdo del narrador, son las picanterías, residuos de vagos pueblos jóvenes. Podría cambiar de título fácilmente a la novela, restarla un número y llamarla Cuatro Perillas y sería más acertado.

10 mar 2016

EL ESFUERZO DE NO OLVIDAR

Recuerdo en Lima allá por 1990, una tía abuela se enteró que su hermano había muerto en Tocache, al interior de la selva peruana, donde la violencia política arreciaba. En conclave familiar, se decidió que la tía fuese a Tocache. Después de algo de una semana la tía retorno ajada, pasmada, pero sonriendo: traía en su pecho una niña de un año o algo más. Una tarde almorzando en la terraza, pues la abuela vivía ahí, sobre un edificio que se encargaba de limpiar, conversábamos. Sobre el cielo limeño pasaba un helicóptero. La niña estaba sentada al costado de mi tía. Cuando el ruido del motor se hizo evidente, la niña a pesar de su edad, se tiró de la silla, reptó debajo de la mesa, y arrastrándose a una velocidad increíble pudo llegar debajo de la cama de la abuela, de ahí la sacamos temblando, decía: “toco toco” y lloraba señalando la lejanía.
Las memorias individuales del conflicto político no son una ni pocas, son miles, quizá millones. Se las va asimilando, para construir el presente. Pero las memorias colectivas son otra cosa -mucho más intangible-: definen el destino del colectivo, de un grupo, de una clase, de un pueblo o de una patria.
La importancia de las memorias colectivas no está en No Olvidar, en levantar inmensos edificios para resguardar lo tangible, tampoco en cantar victoria o almacenar el rencor de la derrota, está en definir una memoria de confluencias, de los diferentes grupos en pugna. Ejemplos resultan los discursos aún lacerantes de la Conquista Española o de la Guerra del Pacifico. Cuanto más tiempo pasa el hecho se uniformiza más, y cuando es útil se restructura, se recrea, se actualiza. Esto hace de la Memoria un instrumento de control social.
Las diferentes lecturas de las memorias posconflicto, en un afán de empoderarse de este instrumento, aún no han confluido en un dialogo entre ellas, a pesar que el presente artículo se motiva en la película titulada precisamente: “Entre Memorias”, de la directora Mati Dietrich , hija de peruanos radicada y nacida en Alemania. El documental no es el primero ni será el último sobre esta etapa, pero ayuda a vislumbrar qué tipo de memoria se está tallando.
Entre Memorias desde un inicio plantea que los grupos alzados en armas iniciaron la guerra: Sendero Luminoso y el MRTA, en seguida define ya una categorización que va a guiar todo el documental, dice en off, “los unos guiados por el fanatismo y los otros por la justicia social”.
El desarrollo de los testimonios pretende mostrar una imagen múltiple de los involucrados. Voluntaria o involuntariamente son parte del posconflicto.
La asistencia a la presentación de Entre Memorias, fue nutrida, algo más de doscientas personas, a quienes esta etapa les debe ser de sincero balance y responsabilidad.
Entre Memorias” como “Sybila”, “Los Cabitos”, “Tempestad en los Andes” y varios otros documentales de los años recientes son herramientas necesarias para motivar una reflexión sobre el pasado, la reconstrucción de la imagen integral del colectivo y dejar constancia del momento histórico.

La visión que se ha impreso al documental -rodado el 2011- define una etapa de la historia del Perú, y es tácita la preeminencia de mantener la memoria, con un balance de los testimonios: el afán político y justificatorio de Carlos Tubino desde la óptica militar, el ejemplicador caso de Lucero Cumpa y el dolor de las madres de la Asociación Nacional de Familias de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos (ANFASEP).
 Ha logrado su directora, Martha Cecilia Dietrich, entrar no por los medios casi ya convencionales, lo ha recalcado. Es decir no ha usado la inmensa cantidad de audiovisuales que hay del conflicto interno, sino ha ido al campo mismo, pero también ha usado como antropóloga, este documental como parte de sus tesis. Ha logrado ingresar al discurso que está detrás del político, en donde imperan los derechos más extensivos, mas inclusivos, los humanos, y entre ellos es el de tener memoria de lo sucedido. En el especial ya no vemos las imágenes impactantes de la pasada guerra, apela más el documental a la discusión y reflexión interna, a las preguntas que es deber de los espectadores responder.
Si bien aún los discursos de la memoria no convergen más que en el dolor y la impotencia, sin embargo aún en el nivel simbólico, la directora no libra el combate por definir términos. En algunos momentos reconoce a los alzados en armas como terroristas, en otros les da el estatus de prisioneras políticas, como el caso de Lucero Cumpa, líder del MRTA, cuyo testimonio de entereza al asumir su responsabilidad y su reflexión de parte, en la película. Su hija,  leyó una carta enviada desde el Penal de Chorrillos, y que representó para el público asistente un testimonio más, fue  una  atenta y tolerante actitud escuchar y reflexionar sobre su contenido. El congresista Carlos Tubino da la óptica del discurso de la memoria del vencedor: generaliza atrocidades hechas por los grupos alzados en armas en tanto justifica el accionar represivo, sin un necesario referente real, pero al final es un discurso de SU memoria; de la memoria que quiere institucionalizar, y que debería imponerse como un instrumento de control social. La lucha de las madres de ANFASEP por lograr que se reserve la Hoyada, un lugar para recordar a los seres queridos desaparecidos en el cuartel Los Cabitos en Huamanga, un monumento que sea el lugar del recuerdo individual y colectivo. Un momento de retorno al pasado mediante las escenas que corresponden a la recreación de la toma de la embajada japonesa por parte del Ejercito del Perú, ahí está claro que para los vencedores la memoria debe ser un instrumento de control social, de supremacía, de un solo discurso válido, la que una vez más en la historia tiene la victoria sobre su propio pueblo, sobre sus propias entrañas.
Entre Memorias ha tenido a bien considerar la parte subjetiva de la directora, como por ejemplo resaltar el papel fundamental de las mujeres en el conflicto. Martha Dietrich  ha declarado que se impuso su visión de la mujer. Al igual en ausencia de la visión de memoria de Sendero, ella manifestó que no logró calar su compatibilidad con las representantes. Estas cuestiones subjetivas, posponen la necesaria lectura de uno de los actores del periodo bélico que complementa la memoria colectiva, La Verdad y la Justicia como exigen las madres de ANFASEP.
Martha Dietrich ha dejado a disposición los CDs de Entre Memorias, para que se proyecte en espacios públicos y así contribuya a la convergencia de la Memoria que sirva para dignificar al ser humano.
Ángela Hunter