10 mar 2017

REPENSANDO LA MIRADA OFICIAL DEL CONFLICTO INTERNO

Viene circulando a nivel internacional la revista francesa EOLLE, órgano de la Université du Havre Normandie, que en su número 7 contiene valiosos ensayos sobre el conflicto armado interno en el Perú y la cuestión de género. Algunos de ellos permiten re-pensar la historia oficial, es decir, la versión maniquea impuesta desde el Estado peruano en su condición de vencedor, así como la difundida por los órganos y canales de la propia agrupación subversiva.

Dos años de entrevistas con la camarada Miriam proporcionaron al historiador Antonio Zapata un valioso material testimonial para elaborar Elena Yparraguirre: La mirada de la número tres. Sobre su padre, Elena confiesa su ardiente militancia aprista y su compromiso con la masonería. Respecto a sí misma, su férrea  formación cristiana, con énfasis en la educación primaria. ¿Cuánto influenció esto en la naturaleza del PSP-SL, máxime si se trataba de la dirigente número tres, quien tras la extraña muerte de Augusta La Torre (Norah) pasaría a ocupar el segundo lugar además de nueva consorte de Abimael Guzmán? Es una de las interrogantes que se plantea el historiador.
La investigación también detecta la pretensión de Elena —al igual que Abimael— de eximirse de su responsabilidad en la conducción de la guerra y, sobretodo, de sus manifestaciones extremas. Si el CC diseña la línea general, entonces el responsable de base siente que solo está aplicando lo que la dirección ha decidido: por lo tanto, él no es responsable, simplemente tiene que obedecer. Pero para el CC, los planes concretos y los ajusticiamientos selectivos en particular son hechura de los responsables de las bases y de los comités. Así, el mecanismo de toma de decisiones permitió evadir la responsabilidad moral del núcleo dirigente. Elena no escatima en señalar a Laura Zambrano (c. Meche), maestra de profesión, como la transmisora de la orden para la ejecución de la condenable masacre de Lucanamarca.
Respecto a las mujeres en la dirección del PCP-SL, Zapata concluye: Dispusieron de un margen de agencia bastante elevado y que lo ejercieron con autoridad y firmeza, aunque en última instancia le tenían una devoción y respeto a Guzmán que parece cercano a la mística pasional.

Zapata delinea las dos estrategias enfrentadas: del Ejército y el PCP-SL, señalando lo que supone falencias y aciertos en cada una. Precisa el papel clave de Norah: Al faltar Augusta y su rigor para el análisis político, Guzmán pensó en forma grandilocuente. Era una antigua costumbre, cada vez que Sendero estaba en problemas, su dirección salía de ellos sin afrontarlos, sino cambiando de escenario. En esta ocasión sostuvo que Sendero estaba entrando al “equilibrio estratégico” y que debía pasar de la guerra de guerrillas a la guerra de movimientos. Era una fuga hacia adelante... la política dejó de estar al mando y se produjo el baño de sangre de 1992.
Estas conclusiones coinciden —o confirman— las posiciones que algunas facciones o miembros disidentes del PCP-SL venían sosteniendo desde el 2012 con mayor claridad y en relación a la necesidad de un balance autocrítico. Guzmán trató de silenciarlos pero, apelando a su propia cosecha, es válido recordar que la realidad termina por imponerse.
La vida y obra de tres escritores insurgentes, caídos en diversos periodos del conflicto, permiten a Oscar Gilbonio, miembro fundador de la Agrupación Cultural Ave Fénix, reflexionar sobre arte —en especial literatura— y sus conexiones con el entorno histórico, social y político previo al estallido del conflicto en 1980 hasta la matanza de los penales acaecida en 1986. El ensayo se titula Hildebrando Pérez Huarancca, Edith Lagos y Jovaldo  Textos de combate.
Del análisis del libro Los Ilegítimos del primero, surge una aseveración: Hildebrando no deja de enaltecer a los protagonistas del pueblo, como héroes anónimos que se elevan siempre con una victoria moral, de principios, y resultan al fin superiores ante pruebas u ordalías que nos presenta la vida.  Y confronta los relatos del escritor con la posición oficial del PCP-SL en el sentido que este propugnaba el carácter semi feudal de la sociedad peruana en tanto que aquel nos mostraba un escenario ayacuchano —en Cangallo— donde ya se desenvolvía y manifestaba el capitalismo.

Poco se ha investigado respecto a la motivación de los jóvenes para incorporarse a la lucha armada. El sociólogo Dynnik Asencios tiene un trabajo meritorio: La ciudad acorralada. Por su parte, Gilbonio al escrutar los versos de Edith Lagos, afirma: Muchos jóvenes se plegaron a la lucha armada, más por sentimiento, pues no tenían un conocimiento profundo de la política, la economía y la sociedad. Según Edith, no deben quedarse en sentir, sino también, y en primera instancia, vivir; asimismo, gritar y tantas cosas más que forjan el sentimiento y la razón. Expresa el espíritu revolucionario de la época, el amor por la vida, el ¿qué hacer?
Finalmente sobre José Valdivia Domínguez, el malogrado vate, asevera: Jovaldo es un trovador del pueblo que zahiere la mirada convencional de los asuntos ecuménicos a la orden del día, proponiendo una versión distinta y alentadora. Se adhiere al movimiento y acompaña el sacrificio de trescientos prisioneros en 1986.

Los tres investigadores, estarán presentes el miércoles 15, en el local del Gremio de escritores del Perú (Jr. Lampa 208) a las 7pm con motivo de la presentación de la revista bajo la conducción de Anouk Guiné, quien ofrece un estudio reciente sobre Augusta La Torre y el Movimiento Femenino Popular.
Braulio Morante

25 dic 2016

TEXTOS DE COMBATE: UNA MIRADA AL ENSAYO RETROSPECTIVO...


Edith Lagos, José Valdivia Dominguez (JOVALDO) e Hildebrando Pérez Huarancca, son nombres que tal vez  a muchos los remonta a los años 80, a la violencia armada que azotó el Perú durante poco más de dos décadas y, tal vez a otros sólo les sabe  a olvido. Pero estos tres escritores y guerrilleros son eje central del libro titulado “Textos de Combate”  (Ave Fénix Ediciones) de Oscar Gilbonio, destinado para la revista francesa EOLLE, de la universidad de Le Havre, cuya presentación será la próxima semana (según informa el autor) y cuyo borrador final acaba de llegar a mis manos, por lo que decidí darle una lectura veloz, previa a la presentación oficial.
Oscar Gilbonio trata de asomarse a las vidas trágicas (y lo logra de forma muy positiva) de estos tres personajes, que fueron antes que nada soñadores y románticos, inclinándose de esta forma a la literatura; dos de ellos a la poesía y uno a la narrativa. Las obras de los tres, son muy poco conocidas en el ámbito literario peruano y los tres murieron en el transcurso del suceso armado iniciado en mayo de 1980,  a temprana edad y en diferentes circunstancias, durante los primeros 6 años de conflicto interno.
Al leer “Textos de Combate” de Oscar Gilbonio, uno puede asomarse a la vida de los tres jóvenes martirizados en el fragor de la guerra; rescatar datos no conocidos hasta la fecha sobre estos que en diferentes medidas, militaron para el PCP-SL. Se adentra  también a la investigación biográfica, y a la vez un poco a la investigación sociológica. 
Aclara el autor que quiere hacer un análisis sobre la obra de los mencionados demostrando su validez como textos literarios, así como obras enlazadas a un contexto histórico, partiendo de los conceptos de Escajadillo y Mariátegui principalmente, además de rescatar el arte que practicaban estos tres destacados militantes del grupo subversivo. 
 En este aspecto, noto que Gilbonio al asomarse al análisis del contexto histórico no puede evitar irse con más intensidad hacia el lado político, tratando de contextualizar el tiempo en que fueron escritos los textos y a la par busca criticar, desvelando errores garrafales en la posición planteada por el entonces Abimael Guzmán Reynoso que quería realizar una guerra interna al estilo Mao Tse-tung en China.
 Ahí es donde veo que el análisis literario, hablando de la forma, estilo o generación literaria (que sí la hay aunque no tan amplio como se debería), desde mi perspectiva, pierde intensidad y el autor se vuelca al estudio del contexto-histórico y al análisis político de las concepciones ideológicas de los tres escritores contrastándolas con la planteada por la directiva del grupo subversivo, que desató una guerra cruenta en el país.
Sin embargo, el autor de “Textos de combate” no cae al tedio o al alargamiento, ni a un estilo ensayístico propiamente político, sino que mantiene su ensayo literario dentro de un ritmo dinámico, analizando  más el fondo de las creaciones de los tres escritores y sacando de ellas o relacionándolas con lo vivido por cada autor.
 No me explayaré demasiado, pues ya más adelante se hará un análisis detallado del libro. Otro de los puntos destacables de esta publicación es que nos remonta a tiempos históricos que tuvo que afrontar el Perú, a la vida trágica, romántica, apasionada y corta de tres literatos, que pese a no ser considerados oficialmente, aún superviven en la memoria del pueblo peruano, pues no es raro escuchar entre los gremios de trabajadores, alguno que otro poema de Jovaldo o en Ayacucho (entre cantantes o declamadores o campesinos), el recital de algún verso de Edith Lagos, como tampoco les es ajeno a los especialistas en literatura peruana hablar sobre los cuentos de Hildebrando Pérez Huarancca, considerado neoindigenista en este libro, pero a la vez premiado por sus narraciones, donde la crítica especializada, asegura encontrar realismo mágico en sus cuentos.

"Textos de Combate" es para mí, recomendable....
J. Miguel Vargas Rosas

19 jun 2016

NUESTRO JOVALDO

No he nacido felizmente
con la boca clausurada;
me van a tener que oír
con la voz dinamitada.

Jovaldo, Habla un cantor

Hace treinta años, en la isla Penal de El Frontón, fue asesinado y desaparecido José Valdivia Domínguez (Jovaldo). Desde entonces su madre lo busca y lo venera. Sus versos aún martillan y se difunden. Nuestro homenaje a un trovador del pueblo.


Hizo la primera comunión en el Callao, donde nació en 1951, y al hacerla descubrió en las palabras del sacerdote la primera falsedad: el predicador había advertido a los párvulos que a los niños mentirosos se les adhiere la hostia en el paladar.
Jovaldo percibió en el suyo la sequedad de la lámina pegada y entendió, a sus nueve años, de quién venía la mentira. Pero además constató, que mientras a los feligreses se les brindaba una hostia casi transparente —que llamó en adelante “papel bond”—, el sacerdote se deleitaba con una mayor y más sólida y con una copa de vino adicional.
Había detectado, en su parecer, signos de falsía e injusticia y se lo increpó a la madre, pero ella, sumida en creencias tradicionales, no pudo entenderlos sino como malos pensamientos merecedores de una paliza. Así cuenta doña Francisca Domínguez, la progenitora del poeta, con evidente nostalgia.
A esa edad ya recitaba a Vallejo —continúa ella—y tardaba horas en llegar a casa tras haber salido del colegio. La razón era singular: no se había quedado distraído en algún juego frecuente de niños sino que asistía a la biblioteca local en compañía de su hermano, dos años menor, otro precoz iniciado en la declamación. Y si bien el bibliotecario pretendió echarlos en ocasiones aduciendo ¡qué van a hacer estos enanos aquí!, el interés y deleite que mostraron los niños por los libros le hicieron desistir. En la humilde casa familiar no se disponía de aquellas lecturas que estimulaban la fantasía de los chiquillos.
Así daba sus primeros pasos en las letras José Valdivia Domínguez: Jovaldo, un trabajador de la cultura popular, como él mismo se definió. Y conforme avanzó en sus estudios se hizo patente su preferencia por las matemáticas, la literatura, la música y el dibujo. Mientras que las notas más  deficientes —en rojo a veces— correspondían a religión y servicio militar, cursos que llegó a detestar. Su espíritu adolescente rechazaba la imposición de ideas sobre Dios y la patria.

Doña Francisca Domínguez, huaracina de recio temperamento; y Don José Valdivia, músico aficionado: los padres del poeta.

La familia debió mudarse a un cerro completamente árido, en lo que hoy corresponde al distrito de Tahuantinsuyo, cuando era una planicie carente de servicios de agua, luz y desagüe. La casita de esteras levantada pronto se convirtió en el centro de operaciones de los hermanos Valdivia: una especie de fortín con hojas de papel bond pegadas en sus paredes, como afiches o dazibaos, hacían de parapetos al viento, mostrando fragmentos de poemas universales que Jovaldo seleccionaba, escribía y celebraba con grandes letras.
Para los vecinos, poco aficionados a la poesía y a la lectura, constituía una muestra de locura el malgastar dinero en papel y tinta de ese modo. Para Jovaldo debió ser una muestra de libertad y proclama en una tierra tomada bajo el cielo del cono norte de Lima.
Hizo la secundaria en el colegio Ricardo Bentín y la carencia familiar no fue un obstáculo para que Jovaldo detuviera su autoformación. Además de lector impenitente de libros, adicionó a su gusto revistas de la época. Y devino también distribuidor. Mercadeaba entre la gente de Tahuantinsuyo desde folletos que prevenían enfermedades venéreas hasta la histórica revista Pekín informa. Así se proveía de un ingreso y se informaba de los aconteceres del país y del mundo.
La veta polémica se le había encendido: se le veía en largas discusiones con mormones, evangélicos y toda clase de predicadores que llegaban a su casa para exorcizarlo.  ¡Que vengan treinta, cuarenta, cincuenta y no podrán!, decía.
Apenas culminó la secundaria, a los 19 años, salió sorteado para hacer el servicio militar y doña Francisca, con el objetivo de evitarle una carrera castrense, le obligó a postular a la Universidad Federico Villarreal, con un examen de admisión en ciernes. Jovaldo le rogó mil veces que fuera San Marcos, porque consideraba a la primera infestada de aprismo. Para entonces se había vinculado a jóvenes sanmarquinos con quienes compartía inquietudes literarias y sociales. Doña Pancha invocaba al cielo y pedía por el hijo que, con razones sin importancia para ella, se oponía a sus designios.

Doña Pancha refiere que su pensamiento tradicional se confrontaba con frecuencia con el de su hijo. Aprendí mucho de él —afirma—. Yo le daba duro para que cambie y al final quien estaba equivocada era yo.

Tal vez podemos detectar otra fuente de una vena artística en el padre, don José Benjamín Valdivia, quien era un amante de la música e infundió esa preferencia en sus hijos. Tocaba la flauta, la quena y el violín y se llevó bien con los muchachos hasta su prematura muerte, en un accidente fuera del trabajo (1977). Por eso la familia no recibió indemnización alguna y quedó en el desamparo.
Jovaldo vio truncada su posibilidad de seguir estudios superiores. Era el hermano mayor y debía trabajar para ayudar a su madre y sus dos hermanos menores. Chavelita, una niña especial y de siempre, lo recuerda con viva emoción: Mi hermano era muy bueno, afirma y otorga besitos al cuadro que se conserva en un lugar especial de la casa, adornado con flores de colores.

  Yo daré la vida por ti y por todas las Chavelas, hermana…
  Y brotarán muchos árboles buenos y sanos.
  Tampoco habrán justos en las cárceles.
  Tampoco habrán víctimas en las cárceles.

Chavela conserva la inocencia de una niña. Sostiene el poemario Canto al futuro de su querido hermano.

La literatura se consolidó como la actividad que ocupaba todo el tiempo que podía disponer el joven. Se sumergía en su mundo para dar a luz una página y otra, un cuaderno tras otro. Así los manuscritos se fueron acumulando y, poco a poco,  definió su forma expresiva preferida: la décima, muy utilizada y difundida entonces por Nicomedes Santa Cruz.
En el contexto del gobierno militar de Morales Bermúdez, a mediados de los setenta, inició la difusión de sus primeras composiciones, caracterizadas por un estilo punzante, agitador. El barrio de Tahuantinsuyo le quedó corto y extendió sus andanzas a otras plazas y avenidas de la capital, incluso declamaba en buses de transporte público. Aleccionado por la vida en resolver carencias, apeló al stencil[1]y al papel periódico para dar a luz sus primeros poemarios artesanales. Con ellos asistía a cuanto evento o reunión pública donde se le permitía la palabra.
Iniciada la rebelión armada en Ayacucho en 1980, el vate, como otros peruanos, apreció el hecho con esperanza. Sus versos, que no son del gusto de los de arriba, continuaban removiendo y educando a las masas populares. El año 83 fue apresado bajo una acusación falsa.
Doña Pancha, conmocionada, inicia la batalla por la libertad de su hijo. Relee sus poemas con otra mirada, va entendiendo el sentido de los mismos, ve el mundo desde una perspectiva diferente, aligera el fardo de sus ideas tradicionales. Jovaldo amaba tanto la vida, repite. Y sacudiéndose a sí misma recuerda las palizas injustas que algunas veces le daba.
En el islote de El Frontón, Jovaldo continuará con su labor creativa, con la inspiración del mar, las aves marinas y la lucha de los camaradas presos contra el aislamiento, las restricciones y, durante el gobierno aprista, contra el genocidio en marcha.
Un 18 y 19 de Junio, hace precisamente treinta años, se llevó a cabo tal exterminio. Los prisioneros, derrochando heroicidad, resistieron a fuerzas armadas inmensamente superiores en armamento bélico.  Los caídos y ejecutados extrajudicialmente sumaron alrededor de trescientos y la sociedad peruana se conmovió por el suceso.

Jovaldo vive en la memoria del pueblo. Es ejemplo de artista revolucionario. Pensó, habló y actuó consecuentemente, lejos de quienes se mostraron radicales al extremo pero traidores en hechos.

Ellos eran muy unidos, eran todos para uno y uno para todos —confirma doña Francisca.  Al fin de la masacre, ella junto a otras madres, no pudieron hallar el cadáver del hijo y buscaron, y siguen buscando. Cuando Jovaldo cae, yo asumí la difusión de su poesía. Muy raro me sentía, porque nunca había declamado —señala.
Con el tiempo transcurrido, ella tiene apreciaciones sobre el arte de su hijo y sobre el personaje que comandó al movimiento subversivo. Dice que algunos poemas no le gustan: aquellos donde pone a “Gonzalo”. Él es un hombre —reflexiona— y por lo visto le encantaba que pusieran su nombre por todos lados porque nunca rechazó que lo mencionaran.
El señor Gonzalo nunca estuvo con nosotras —expresa con voz de madre coraje— pensé que estaba en las montañas, en los valles, en la sierra  luchando. Lo capturan en Lima, en un lugar burgués, siempre mandando cuando el papá debe estar en la lucha como ejemplo. Pero él nunca estuvo —y agrega como exigencia—: debió pedir perdón ante el pueblo, ante los familiares, que nuestros hijos no eran terroristas. No hizo eso, sino más bien acuerdos con Montesinos.
Doña Pancha se despide, tiene dolor en las articulaciones y en los huesos. Nos sigue hasta la puerta, en el abrazo nos transmite su bendición de madre, el orgullo por su hijo y su temple para seguir adelante.

Braulio Morante


[1] Plantilla sobre la que se escribía a máquina o con un punzón, resultando perforaciones. De esta manera, al papel solo llega la tinta que pasa por el hueco recortado de la plantilla.


24 may 2016

VARGUITAS EL PORNOGRAFICO

Vargas llosa en una reciente aclaración a la pregunta de la diferencia entre pornografía y erotismo, ha dicho: “En la calidad exclusivamente. La pornografía es un erotismo mal escrito.”[1] Discrepamos profundamente, estamos seguros que no es una diferencia de técnica, de recursos estilísticos, de armas y colores, la diferencia entre pornografía y erotismo es la misma diferencia entre carne y mujer, y no por caer en defensores de la moral y de las buenas costumbres, eso al obispo de Lima. Sino aclarar el contrabando que hace Vargas Llosa en su penúltima obra “Cinco Esquinas” la cual merece una apreciación desde nuestra paciencia lectora.

Varguitas ha retornado al mismo punto del cual inició su carrera literaria. No es el púber que escribía novelitas para que se masturben sus compañeros de clase, y obtenía propinas de su trabajo, ahora es el anciano, el escritor de ágora, canoso y de 80 años. Pero estos nos han devuelto un premio nobel intrascendente, su novela carece de contenido, es la visión de Perú que él tiene, un empresario minero metido en sus entretenimientos, en la vida doméstica, nada para resaltar. Un chato personaje, casi lumpenesco que asciende al periodismo de espectáculos, algunos personajes que se arrastran sudorosos y húmedos por los veintidós capítulos de la novelita, seres que como el narrador, atisban el pasado y el presente, lo inmediato, no hay en ninguno una mirada al porvenir, o son los mismos vecinos de las viejas quintas de Julio Ramón Ribeyro, ese es el Perú de Vargas Llosa.  Retrata, con aciertos,  algunos de los personajes que aún purgan largos años de prisión por asesinatos y corrupción, aun así el Doc.  queda acartonado. La caratula es puro marqueting, no tiene ni como telón de fondo la violencia política que vivió el Perú en la década del 1980, ni siquiera es una verídica amenaza para los personajes.

Lo rescatable de la novela es la técnica, el ritmo de la novela policial que le imprime, como siempre los diálogos maestros que le dan movimiento, del ambiente no queda mucho, pues gran parte es recuerdo del narrador, son las picanterías, residuos de vagos pueblos jóvenes. Podría cambiar de título fácilmente a la novela, restarla un número y llamarla Cuatro Perillas y sería más acertado.

10 mar 2016

EL ESFUERZO DE NO OLVIDAR

Recuerdo en Lima allá por 1990, una tía abuela se enteró que su hermano había muerto en Tocache, al interior de la selva peruana, donde la violencia política arreciaba. En conclave familiar, se decidió que la tía fuese a Tocache. Después de algo de una semana la tía retorno ajada, pasmada, pero sonriendo: traía en su pecho una niña de un año o algo más. Una tarde almorzando en la terraza, pues la abuela vivía ahí, sobre un edificio que se encargaba de limpiar, conversábamos. Sobre el cielo limeño pasaba un helicóptero. La niña estaba sentada al costado de mi tía. Cuando el ruido del motor se hizo evidente, la niña a pesar de su edad, se tiró de la silla, reptó debajo de la mesa, y arrastrándose a una velocidad increíble pudo llegar debajo de la cama de la abuela, de ahí la sacamos temblando, decía: “toco toco” y lloraba señalando la lejanía.
Las memorias individuales del conflicto político no son una ni pocas, son miles, quizá millones. Se las va asimilando, para construir el presente. Pero las memorias colectivas son otra cosa -mucho más intangible-: definen el destino del colectivo, de un grupo, de una clase, de un pueblo o de una patria.
La importancia de las memorias colectivas no está en No Olvidar, en levantar inmensos edificios para resguardar lo tangible, tampoco en cantar victoria o almacenar el rencor de la derrota, está en definir una memoria de confluencias, de los diferentes grupos en pugna. Ejemplos resultan los discursos aún lacerantes de la Conquista Española o de la Guerra del Pacifico. Cuanto más tiempo pasa el hecho se uniformiza más, y cuando es útil se restructura, se recrea, se actualiza. Esto hace de la Memoria un instrumento de control social.
Las diferentes lecturas de las memorias posconflicto, en un afán de empoderarse de este instrumento, aún no han confluido en un dialogo entre ellas, a pesar que el presente artículo se motiva en la película titulada precisamente: “Entre Memorias”, de la directora Mati Dietrich , hija de peruanos radicada y nacida en Alemania. El documental no es el primero ni será el último sobre esta etapa, pero ayuda a vislumbrar qué tipo de memoria se está tallando.
Entre Memorias desde un inicio plantea que los grupos alzados en armas iniciaron la guerra: Sendero Luminoso y el MRTA, en seguida define ya una categorización que va a guiar todo el documental, dice en off, “los unos guiados por el fanatismo y los otros por la justicia social”.
El desarrollo de los testimonios pretende mostrar una imagen múltiple de los involucrados. Voluntaria o involuntariamente son parte del posconflicto.
La asistencia a la presentación de Entre Memorias, fue nutrida, algo más de doscientas personas, a quienes esta etapa les debe ser de sincero balance y responsabilidad.
Entre Memorias” como “Sybila”, “Los Cabitos”, “Tempestad en los Andes” y varios otros documentales de los años recientes son herramientas necesarias para motivar una reflexión sobre el pasado, la reconstrucción de la imagen integral del colectivo y dejar constancia del momento histórico.

La visión que se ha impreso al documental -rodado el 2011- define una etapa de la historia del Perú, y es tácita la preeminencia de mantener la memoria, con un balance de los testimonios: el afán político y justificatorio de Carlos Tubino desde la óptica militar, el ejemplicador caso de Lucero Cumpa y el dolor de las madres de la Asociación Nacional de Familias de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos (ANFASEP).
 Ha logrado su directora, Martha Cecilia Dietrich, entrar no por los medios casi ya convencionales, lo ha recalcado. Es decir no ha usado la inmensa cantidad de audiovisuales que hay del conflicto interno, sino ha ido al campo mismo, pero también ha usado como antropóloga, este documental como parte de sus tesis. Ha logrado ingresar al discurso que está detrás del político, en donde imperan los derechos más extensivos, mas inclusivos, los humanos, y entre ellos es el de tener memoria de lo sucedido. En el especial ya no vemos las imágenes impactantes de la pasada guerra, apela más el documental a la discusión y reflexión interna, a las preguntas que es deber de los espectadores responder.
Si bien aún los discursos de la memoria no convergen más que en el dolor y la impotencia, sin embargo aún en el nivel simbólico, la directora no libra el combate por definir términos. En algunos momentos reconoce a los alzados en armas como terroristas, en otros les da el estatus de prisioneras políticas, como el caso de Lucero Cumpa, líder del MRTA, cuyo testimonio de entereza al asumir su responsabilidad y su reflexión de parte, en la película. Su hija,  leyó una carta enviada desde el Penal de Chorrillos, y que representó para el público asistente un testimonio más, fue  una  atenta y tolerante actitud escuchar y reflexionar sobre su contenido. El congresista Carlos Tubino da la óptica del discurso de la memoria del vencedor: generaliza atrocidades hechas por los grupos alzados en armas en tanto justifica el accionar represivo, sin un necesario referente real, pero al final es un discurso de SU memoria; de la memoria que quiere institucionalizar, y que debería imponerse como un instrumento de control social. La lucha de las madres de ANFASEP por lograr que se reserve la Hoyada, un lugar para recordar a los seres queridos desaparecidos en el cuartel Los Cabitos en Huamanga, un monumento que sea el lugar del recuerdo individual y colectivo. Un momento de retorno al pasado mediante las escenas que corresponden a la recreación de la toma de la embajada japonesa por parte del Ejercito del Perú, ahí está claro que para los vencedores la memoria debe ser un instrumento de control social, de supremacía, de un solo discurso válido, la que una vez más en la historia tiene la victoria sobre su propio pueblo, sobre sus propias entrañas.
Entre Memorias ha tenido a bien considerar la parte subjetiva de la directora, como por ejemplo resaltar el papel fundamental de las mujeres en el conflicto. Martha Dietrich  ha declarado que se impuso su visión de la mujer. Al igual en ausencia de la visión de memoria de Sendero, ella manifestó que no logró calar su compatibilidad con las representantes. Estas cuestiones subjetivas, posponen la necesaria lectura de uno de los actores del periodo bélico que complementa la memoria colectiva, La Verdad y la Justicia como exigen las madres de ANFASEP.
Martha Dietrich ha dejado a disposición los CDs de Entre Memorias, para que se proyecte en espacios públicos y así contribuya a la convergencia de la Memoria que sirva para dignificar al ser humano.
Ángela Hunter

2 mar 2016

LOS ILEGITIMOS

En edición reciente de la revista Hildebrant en sus Trece (Nro 281), el periodista Carlos León, a sugerencia de un amigo, pudo leer, tras indagar en diversas bibliotecas nacionales y extranjeras,  el libro “Los ilegítimos” de Hildebrando Pérez Huarancca. Sus impresiones son dignas de transcribir.

es un gran, gran libro. Crudo, salvaje, triste y violento. Son doce cuentos bajo una misma idea: todos los personajes son hijos ilegítimos, simbólica o prácticamente. Hijos de padres asesinados por la policía o maltratados sin piedad por los gamonales, huérfanos, el hijo de una puta, el hijo de una adultera. Al final, en el último cuento, se establece mejor la idea: son todos lo hijos ilegítimos del Perú, un país que no los reconoce como suyos.

Hace 34 años, el 2 de Marzo de 1982, Pérez Huarancca fugó de la cárcel de Ayacucho junto con otros 70 presos entre quienes se encontraba Edith Lagos. Posteriormente fue acusado por la CVR, con argumentos endebles, como autor de la horrenda acción de Lucanamarca.

La comisión de la Verdad nunca pudo establecer, con contundencia, la responsabilidad de Pérez Huarancca. Fue más bien una suma de suposiciones y omisiones lo que los llevó a esa conclusión.

Hoy, su obra narrativa viene siendo motivo de renovados estudios y reconocimientos. Y la opinión de León aporta en el mismo sentido.

Hay un gran uso de la oralidad en los cuentos, Pérez Huarancca tiene párrafos alucinantes y sobrecogedores, duros, secos, terribles. El monólogo final del primer cuento, “La oración de la tarde”, es simplemente envidiable. Pero además del componente estético, que vuelve a ese viejo libro, mucho mejor que varios kilos de la narrativa peruana actual, lo que me perturba es su argumento subyacente: el pueblo que retrata es uno condenado a sufrir, donde la única vez que el gobierno llegó fue para matar estudiantes, donde todos los poderes locales atentan y abusan contra ellos. No hay organizaciones sociales, no hay confederaciones campesinas, no hay partidos, no hay personajes entre épicos y forzados como el “Nictálope” de “Redoble por Rancas”, que organiza el asesinato del hacendado con una ligereza tal que pareciera que fuese de campamento. Ni siquiera eso. No hay intermediarios. No hay nada. Pero está la promesa de la venganza: algún día la justicia llegará, y todas las injusticias serán cobradas. Para eso casi que habría que “eliminar todo de raíz”, como dice uno de sus personajes.

La lectura de “Los ilegítimos” nos aproxima a la verdad histórica del conflicto interno, en especial a la comprensión de las causas que provocaron el estallido social. Y luce además el componente artístico, la forma lograda.

Leer a Hildebrando Pérez Huarancca, con todas las complicaciones que genera su biografía, es también encontrarse con la cara más horrible de la historia del Perú.

Los miembros de la Agrupación Cultural Ave Fénix, después de un arduo trabajo de transcripción, ofrecen el libro a los lectores en la siguiente dirección.

Una lectura necesaria para entender el país al borde de los ochenta.

1 mar 2016

Hacia la ley del Escritor

La noche del miércoles 24 de Febrero, se desarrolló un conversatorio en el local de la Asociación Guadalupana con la intervención de los escritores Jorge Aliaga Cacho y Bernardo Rafael Álvarez.

En el evento, organizado por el Gremio de Escritores del Perú, trató un asunto de connotación jurídica: es el primer evento conducente al Foro Nacional sobre la Ley para el Escritor.

Según opinión de los ponentes no existe una normativa que proteja y ampare al hombre de letras en caso de enfermedad, vejez o abandono.
Un participante mencionó, asimismo, las dificultades del  escritor para publicar y en caso de hacerlo, el desamparo legal frente a casos de abuso por parte de la gran industria editorial. Incluso se aludió al sello Alfaguara que habría incumplido obligaciones acordadas con un narrador nacional de reconocida talla.

Los expositores remarcaron la existencia de leyes que abordan el tema de las publicaciones y la autoría. En primer lugar está la Ley de democratización del Libro y de fomento de la lectura (2004), de cuyo título se deduce una orientación en favor del lector pero una revisión más detenida muestra que apunta a otorgar beneficios tributarios a los editores. Se señaló a la Cámara Peruana del Libro como la institución promotora de esta norma.

Anterior es la Ley del artista, interprete y ejecutante (2003) que, como su nombre lo indica, establece pautas en favor de actores, cantantes, imitadores, músicos, magos, banderilleros, etc. Sin incluir a los escritores.

Bernardo Rafael reflexionó sobre el escamoteo para reconocer la condición de artista del escritor. Se le considera un ser extraño porque suele contrastar con el común de la gente en cuanto a su visión estética y crítica del mundo.

Surgió entonces la pregunta ¿Quién es escritor? Una intervención propuso que debería haber una comisión evaluadora para determinar esta calificación, otra afirmó que el escritor se debe a sus obras y lectores y en su ardua y prolongada labor va logrando ese reconocimiento.

Como un ejemplo de beneficios logrados en otras latitudes, se mencionó el caso de cuarenta escritores pensionados por el Estado argentino y el de quienes viven en la región colombiana de Santa Fe. Fue necesaria la voluntad política del gobierno y la organización de los escritores.

El evento cerró con el compromiso de redactar un documento en base a la propuesta jurídica desarrollada  por el Doctor Jorge Rendón Vásquez y continuar el debate.